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Dolor en femenino

Marzo es el mes en el que todas las mujeres luchamos, reivindicamos en nuestro 8M, pero… ¿qué pasa el día 14?, ¿qué se celebra? Hace justo un año no tenía ni idea de la importancia de este día en el calendario, porque ni las noticias dan información sobre ella ni mucho menos importancia, y ni tampoco la padecía.

Se celebra el Día Internacional de la Endometriosis.

No voy a contar con pelos y señales todos mis síntomas y dolores, pues muchas mujeres que la sufrimos ya los sabemos; pero hoy, siento una bomba de sentimientos, emociones, pensamientos, entre los cuales puedo destacar: tristeza, miedo, alegría, consuelo, apoyo, tranquilidad…y los necesito exteriorizar de alguna manera.

Haré un breve resumen de mi gran año con mi amiga la endometriosis.

Era sábado por la mañana temprano, justo me había bajado la regla la noche anterior, cuando un dolor fuerte, intenso, punzante, con escalofríos que me recorría todo el cuerpo y me impedía levantarme de la cama por mí sola. Asustada llamé a mi madre y al verme así decidió llamar a una ambulancia para que me llevaran al hospital. La contestación que le dieron a mi madre fue: “Es mayor de edad y por un dolor de regla no vamos a enviar a una ambulancia”. Era una mujer quien estaba al otro lado del teléfono. Gracias por haberme hecho sacar fuerzas de donde no las tenía para poder levantarme de la cama. Luego somos el sexo débil para algunos…

Gracias a mi madre pude bajar a la calle, subirme al coche e ir al ambulatorio para terminar en el hospital.

Una vez realizadas analíticas, radiografías, ecografías…el diagnostico fue: “Tienes un quiste en el ovario derecho que hay que vigilar”, “Es normal que te duela porque tienes líquido libre en el abdomen”, “La regla duele, a unas mujeres más que a otras” … Para controlar el dolor me mandaron enanyium, nolotil, paracetamol, ibuprofeno, naproxeno…y todas las variantes habidas y por haber, más anticonceptivas.

Yo, era mujer reacia a las pastillas anticonceptivas, durante toda mi vida he evitado tomarlas y en ese preciso momento me convertí en un conejillo de indias porque cada tres meses me las cambiaban, mi cuerpo no se “adaptaba” a ninguna, y acabé con VISANNETTE hasta el día antes de mi laparoscopia. Todas y cada una de esas pastillas me provocaba mucho cansancio, dolor de cabeza, piernas, abdomen, ovarios…constantes, desde que me acostaba hasta que me levantaba. A ello tenía que escuchar comentarios del tipo: “Eres muy blanda”, “Eres una quejica”, “Estás todo el día cansada” …

Pasaban los meses, y todos y cada uno de ellos terminaban igual. Ingresada en el hospital por fiebre, náuseas, vómitos, bajadas de tensión, y con dolores tan fuertes que me dejaban casi inválida.

A los 4 meses, un día, me habló mi hermana: “¿y si tienes endometriosis?”, mi cabeza se puso en modo alerta… ¿Endo-que? Menos mal que San Google está ahí para todo. Empiezo a leer, buscar información y me doy cuenta de que comparto muchos síntomas con esas mujeres a las que leo. Yo, ya me planteaba preguntar todo a mi ginecóloga acerca de la endometriosis, pero en el siguiente ingreso en el hospital se aceleraron las preguntas.

En la consulta, la ginecóloga me confirma que padezco endometriosis, una enfermedad crónica sin cura. Seguido me preguntaron mi edad, si tenía pareja, si quería tener hijos o bien congelar óvulos por si acaso, que si el quiste crecía habría que operar de urgencias, etc, etc. Sentí miedo, me sentía sola, perdida, sin saber qué hacer; pero un poco aliviada por tener mi diagnostico ya en las manos. Había leído que hay mujeres que tardan años en diagnosticarles la enfermedad, así que al mismo tiempo daba las gracias por ello.

Con la ayuda de mi hermana buscamos hospitales especializados y decidí pedir el traslado a uno de ellos: La Paz, en Madrid.

Me hicieron más pruebas en La Paz, ya que las que llevaba del otro hospital eran confusas. Era una mujer laboralmente estable, pero cada mes debía quedarme ingresada en el hospital durante unos 2-5 días, y a pesar de que en mi sector la mayoría somos mujeres, algunas no tienen desarrollada la empatía y mucho menos la practican.

Me considero una mujer activa, no puedo estar quieta sin hacer nada, así que además de mi trabajo de lunes a viernes, también trabajaba los fines de semana. En este empleo cuando me venía mi maravillosa regla me veía obligada a no poder ir, pero no pasaba nada porque éramos bastantes trabajando. Al tiempo, recibo una llamada del jefe, en la que me comenta que, por cambios en la empresa, porque falto mucho…ya no me necesita. ¡Ojo! me comenta que no es por mi enfermedad. ¡Ah! Me quedo más tranquila.

Casi al año de sufrir, vivir o mejor dicho convivir con mi endometriosis, ya estaba operada de mi quiste en el ovario derecho, pero ¿cuál fue la sorpresa al despertar de la operación? Me habían quitado también la trompa derecha porque estaba muy dilatada por la enfermedad; vamos, que no servía para nada.

En ese periodo de postoperatorio tienes que aguantar comentarios del tipo: “No pasa nada, hay cosas peores”, “Todo va a ir bien”, “Mejor fuera que dentro”, “Si no hace su función mejor quitarlo” … Y sí, tienen razón, pero a quién le quitan algo que no entraba ni en la operación ni en sus pensamientos, es a mí. Quien sufre ese luto por ese órgano que ya no tiene, soy yo. Quien tiene que reflexionar, meditar, analizar…ese proceso, soy yo. Es mi vida, son mis órganos.

Hoy, justo un mes y medio después de mi laparoscopia, mi primera regla ha sigo igual de horrorosa que antes de la operación, tengo que continuar con otras anticonceptivas, además de analgésicos.

No sé que será de mi futuro, no sé si en mi empresa podrán tener a una mujer con una enfermedad silenciosa en la que cada mes se coja unos días de baja, no sé si podré ser madre algún día, sé que no volveré a ser tan activa como antes de mi enfermedad, pero sé que cuando tenga un buen día estaré al 100% y más.

Doy gracias porque soy feliz, feliz de haber sido detectada con esta enfermedad tan pronto, feliz porque me han operado en breve tiempo, feliz porque me conozco más y mejor, feliz porque ya no me autoexijo tanto.

Gracias a quien está en mis días buenos y no tan buenos.

Y, hoy, puedo decir con orgullo que SOY UNA ENDOGUERRERA. Como todas.

P.D: ¡Nos vemos el día 30 en la manifestación!

 

Anónima

 

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