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¡A celebrar juntas, compañeras!

feminismo, mujeres en lucha, san valentin, febrero, amor, romanitco, toxico

Mirar hacia atrás nunca ha sido fácil, sobre todo cuando hemos dejado un camino marcado de episodios dolorosos y muchas veces humillantes. Eva lo sabe. Coge su pequeño morral antes de salir de casa y enfrentarse a la calle, cierra la puerta esperando volver con la misma alegría e ilusión con la que sale, porque es catorce de febrero, esa fecha que está marcada de rosa en el calendario y a la que ha tenido que encarar a veces con rabia, a veces con asco, pero siempre con la certeza de que no es casual que una fecha que supuestamente conmemora el amor y la amistad esté acompañada de rebajas, descuentos y promociones que lo único que hacen es fomentar el consumismo de este mundo capitalista… Pero ese análisis se lo deja para otro día, que tiene que cruzar media ciudad para encontrarse con su alma gemela, con aquella persona que le enseñó que no es necesario llorar por amor, ella lo sabía, igual como tú y yo lo sabemos, pero a veces es imposible verlo sin cierta perspectiva.

No deja de aferrarse con fuerza a su manojo de llaves antes de meterse al metro, que la calle puede estar decorada con un millón de corazones, flores y ositos de peluches, pero sigue siendo una ciudad peligrosa, donde el hecho de ser mujer ya es un factor de riesgo en sí mismo. Ve a las parejitas que caminan de la mano a su lado, llevando globos o ramos de rosas ellas, y ellos llevándolas a ellas como trofeos, no puede evitar que se le escape una sonrisa recordando cuando ella estaba en esa posición, y sonríe mucho más aún sabiendo que las cosas van a cambiar, porque los regalos empalagosos de San Valentín serán obsoletos cuando lo que prevalezca sea el amor entre iguales, cuando nadie sea trofeo de nadie, ni nadie saque a pasear a nadie; sino que podamos pasear codo a codo con respeto e igualdad, cuando las calles sean nuestras a la hora que se nos dé la gana, y con la vestimenta que se nos antoje.

Tal vez sean muchos pensamientos utópicos para un viaje en metro. Sobre todo porque ahora el tipo que tiene al lado está despatarrado a sus anchas y cada vez se despatarra más y más, ella lo empuja, él ni caso le hace, la señora del otro lado lo empuja a su vez, la chica que va en pie al lado se da cuenta y le hace un gesto, de repente todo el vagón despierta, todas hablan, todas se quejan, un par de voces a lo lejos las mandan a callar por exageradas, pero eso no silencia el reclamo. El tipo cierra las piernas y con eso automáticamente cierra la boca. No sabe si hay alguna relación entre esos dos actos. Ahora viajando tranquila sonríe con complicidad a todas las que lograron esa pequeña gran victoria.

Sale a las prisas del metro, no le gusta llegar tarde, sigue aferrada al manojo de llaves, pero ahora está pensando en el pequeño triunfo que relatará al llegar.

Sabe que será a toda regla un antivalentín, después de tantos años y tantas experiencias vividas y compartidas por haber alimentado la ilusión de querer tener ese amor de cuentos de hadas, tantos años desperdiciados creyendo que el amor incondicional puede cambiarlo todo, incluso un macho que se piensa superior, que se cree con el derecho de menospreciar, que se cree que tener una personalidad fuerte es gritar, manipular y herir a la persona que supuestamente ama… Tantos años soportando y es que justamente esa es la imagen romántica que nos venden, la idea de que hay que soportarlo todo por amor, cuando lo que hay que hacer es amar en igualdad porque si queremos ser libres, tenemos que liberarnos incluso de esa forma tóxica de amor que nos encadena a estereotipos que hay que abolir.

Eva llega a la reunión en casa de su amiga, están preparando todo para las asambleas con miras al ocho de marzo, harán pancartas para la marcha, corregirán entre todas el discurso de Juana que por primera vez tomará la palabra, todas las compañeras están ahí, con los brazos abiertos y las sonrisas radiantes.

La historia de Eva puede ser la de María, la de Julia, la de Ana, el nombre no importa, puedes ser tú, puedo ser yo, y al igual que ella nosotras tenemos algo más fuerte y real que un montón de globos en forma de corazón. Tenemos a nuestras hermanas, nuestras madres y abuelas, a nuestras compañeras de curso, a nuestras vecinas, a todas las mujeres que al igual que nosotras luchan en mayor o menor medida por cambiar la realidad. Todas esas mujeres que desde su lugar aman con todas las fuerzas de su ser, esas mujeres que somos nosotras y que son a final de cuentas nuestra alma gemela, el verdadero y único amor de nuestra vida. ¡Celebremos hermanas! ¡Se va a caer, lo vamos a derrumbar!

 

Por Lara Salvatierra (@larasalvatierra )

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