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Cristina Pedroche, el hada alienada del bosque para un 2019 sexista

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Hubiera apostado a que la cadena iba a dar el campanazo y las campanadas con una maniobra para acallar las críticas del feminismo. Esperaba algún tipo de estrategia de neutralización postmachista, que de repente Chicote también apareciera semidesnudo, con un mono transparente o un corsé y que todos celebraran el nuevo año con un poquito de humor misógino, haciendo como que no se dan cuenta de que, incluso así, seguiría siendo lo mismo. No fue el caso. Una vez más, Pedroche nos hizo sentir que habíamos vuelto a los noventa, la década televisiva de las mama chicho o del frescor de Fa en la que las mujeres eran abiertamente mercancía en la pantalla. Daba igual si se trataba de un anuncio de gel, de un programa infantil o de entretenimiento familiar, los medios exaltaban la cosificación en sus parrillas, ofreciendo como reclamo a esas esas mujeres hipersexualizadas que no paraban de sonreír.

Amparada en la elección personal, Pedroche se desabrochaba su capa, sin poder disimular los nervios, y se quedaba en bikini -un bikini con cola, eso sí- en la Puerta del Sol en pleno mes de diciembre. Mientras Chicote se cuidaba muy mucho de mantener una conversación sin miradas delatadoras ni comentarios sexistas, como si una mujer correteando semidesnuda en pantalla siguiera siendo lo más natural, Pedroche explicaba que era un hada del bosque y salía al balcón sin parar de sonreír como un reclamo noventero más. Pedroche ha crecido creyendo que la belleza es sinónimo de éxito para una mujer, que la cosificación es un premio. Ha visto en los medios ese modelo de mujeres objetificadas que ahora lo reproduce y ha sentido vergüenza cada vez que su cuerpo ha sido sometido a un juicio público por perder o ganar peso. Ha hablado del body positive desde una talla 38, empeñándose en mantener la imposición de belleza a la que nos someten a las mujeres también para las gordas, como si ella lo hubiera sido alguna vez, y ha reducido el feminismo a una etiqueta hablando de empoderarse con sus desnudos invernales. La cuestión es que la libertad de elección de la presentadora no existe.

Pedroche, que debe de entender las películas de Pajares y Esteso como el máximo exponente del empoderamiento femenino, no entiende que salir desnuda en pantalla no es una reivindicación empoderada, sino el único lugar que se le concede a la mujer en los medios. Con su elección inoculada por el ideal femenino de una sociedad machista, lo que obvia es el derecho a estar vestidas en invierno igual que sus compañeros hombres y a ser valoradas por nuestro talento y nuestra profesionalidad sin necesidad de desnudarnos y sin necesidad de ser hermosas. No es una cuestión de desnudez, es una cuestión de contexto. Queremos respeto, queremos abrigo y queremos humanidad en lugar de cosificación. Ayer, el diario el El Español publicaba un artículo que titulaba así: Cristina Pedroche el hada porno del bosque para un 2019 caliente, misoginia pura hacia la presentadora y hacia todas las mujeres que sustituía después el “porno” por un más discreto “provocadora”.

Más allá de la voluntad de la Pedroche, alienada en la obligación/triunfo de ser una hermosa comparsa, me pregunto dónde queda la responsabilidad de la cadena cuando la utiliza como un cebo convirtiendo el primer programa del año en una apología al machismo más vulgar. Los medios de comunicación configuran y refuerzan estilos de vida, roles sociales y por supuesto roles de género. El rol de la mujer objeto sale de las pantallas en forma de juicios a nuestros cuerpos, es lo que hace que nos increpen por la calle, que nos sexualicen en la oficina o que sintamos vergüenza de nuestro cuerpo cuando alguien nos recuerda que no encaja en el ideal de belleza femenino inalcanzable. Porque no estamos hablando de que la belleza se valore, como en el caso de los hombres, estamos hablando de que la belleza sea una obligación diaria para las mujeres, una cualidad sin la que nuestra existencia careciera de sentido, la de agradar a los hombres. Y esa subordinación, esa ciudadanía de segunda, esa pertenencia al hombre es la misma que a veces trae consigo consecuencias mucho peores que pasar vergüenza viendo las campanadas.

Por un 2019 sin sexismo en las pantallas, feliz año.

 

Por Princess Caroline (@ALaLicuadora)

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