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Los derechos de las mujeres

Cuando nos hemos unido a la lucha de los Derechos de las personas junto a nuestros compañeros, no nos engañemos, hemos luchado por sus derechos, no por los nuestros.

Desde la Revolución Francesa, pasando por el movimiento abolicionista norteamericano, hemos visto cómo la historia nos ha apartado de un manotazo de todo tipo de conquistas sociales y políticas por nuestra condición de mujeres y nos ha relegado a la segunda división, después de estar en primera línea en las calles, en las revoluciones y donde hizo falta.

A Clara Campoamor le condicionaron la igualdad entre sexos: “en principio” hombres y mujeres son iguales. No sucedió así en las discriminaciones por etnia, clase social… no hubo ninguna objeción.

No se preocuparon por los votos de los obreros que no habían accedido a la educación, se preocupaban por la influencia de la iglesia católica en las mujeres, influencia que el mismo sistema había favorecido. Pero no intentaron confiar en las mujeres, educarlas para ser críticas y dejar que se expresaran a su manera. No, prefirieron atacar a la Iglesia, no fuera que las mujeres empezaran a aprender a defenderse y acabaran ellos en casita lavando calzones y criando a prole.

No querían aceptar el divorcio, ¿para qué?, si podían tener a la amante esposa proveedora de descendencia de su sangre y sacar el pajarito a pasear cuando les pareciera sin consecuencias de ningún tipo. No sea que empiecen a divorciarse y exigir cosas y acabar con la buena vida de los varones. Se olvidaron de las mujeres por años y luego les querían negar el voto porque no les convenía.

Hombres de derechas y de izquierdas utilizaban este derecho fundamental para ganar o no perder votos. Machismo transversal e institucional.

En la lucha sindical por los derechos de la clase obrera hemos luchado junto a ellos, por todo lo que les afecta: salarios justos, jornadas laborales más cortas, condiciones de trabajo más humanas, vacaciones, permisos… pero cuando hemos luchado por conseguir conciliación, permisos maternales y paternales, excedencias justas para crianza y cuidados… hemos estado solas.

He visto, con mis propios ojos, cómo desaparecen de una asamblea sindical, los delegados, cuando después de tratar temas importantes “de hombres” – los que les afectan a ellos –  se ha pasado a hablar de conciliación, planes de igualdad en las empresas, permisos por cuidados… eso no les interesa a los señoros.

No han organizado un movimiento en su mayoría formado por hombres para conseguir ampliar los permisos parentales. Ellos se quedan en el sofá viendo el fútbol, mientras mujeres feministas, brillantes y luchadoras, forman asociaciones con cuatro hombres mal contados, para que puedan acceder a los mismos permisos que las mujeres, tras ser padres.

Tienen una ley que permite reducir la jornada laboral por crianza y cuidados, pero ellos no la piden en general, no van a reducir parte de su sueldo, su horario – y con ello la posibilidad de promocionar – para hacer cosas de mujeres, ¡eso ni pensarlo!

Fueron personas con derechos sociales, ciudadanos con derechos políticos, libres en la soberanía de su cuerpo, autónomos económicamente, genios, hicieron las  leyes que interpretaban ellos a su beneficio: lo hacían y lo hacen a nuestra costa, siempre.

Y cuando organizamos un movimiento donde prevalece la presión por sexo, un movimiento que lucha por la igualdad de todas las mujeres, su condición de personas libres y ciudadanas “sujetas” de derecho; entonces se nos señala como blancas privilegiadas y se nos insta a cambiar toda la base ideológica del movimiento feminista para acoger todas las discriminaciones del mundo mundial.

Se nos acusa de no querer que colectivos discriminados y golpeados por un patriarcado feroz que corta la lengua a quien se sale del camino señalado, tengan sus derechos; de olvidar a compañeras racializadas, empobrecidas, con discapacidad o trans. Se nos acusa de mirar nuestro ombligo y hacer los mismo que los señoros. Y nos lo dice quienes defienden la prostitución, la explotación reproductiva y el género opresor que precisamente a quien más perjudica es a las mujeres que dicen defender. Gente que se define como feminista y pretende moldear nuestro movimiento, el de las mujeres, todas las mujeres, insisto, en un movimiento para la individualidad.

Fuimos conscientes de nuestra opresión cuando dejamos de ser yo para ser nosotras, así nació el feminismo. No necesitamos cambiar un ápice ese “nosotras”, porque engloba a “nosotras las mujeres”.

Si no lo entiendes a lo mejor te equivocaste de movimiento.

Dedico esta reflexión a mi querida compañera Sonia de Mujeres en Lucha: ¡te quiero hermana!; a mis compañeras de Stop Vientres de Alquiler: me dais la vida y a todas mis compañeras twitteras: os adoro a todas y os defenderé siempre.

La revolución será feminista o no será.

 

Por Inma Guillem (@SAGATXU )

 

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