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Sexo consentido

feminismo, mujeres en lucha, sexo, consentimiento, acoso, violacion, fiesta, machismo, mujeres

Ella conoce a un chico. Un chico simpático, que le resulta en cierto modo atractivo. Una noche decide corresponderle a un beso. Y otra noche, de fiesta, vuelven a besarse y a charlar. Sin embargo, ese mismo día, cuando ella llega a casa, reflexiona sobre lo vivido y piensa que realmente no le gusta tanto y que, aunque se lo ha pasado bien, no quiere volver a repetir. Solo son amigos y cree que así deben de seguir las cosas. Se lo hace saber a él. Una semana más tarde, ambos salen por separado con sus respectivos amigxs. Él va a buscarla a ella al bar en el que está y ella le dice que no tiene intención de hacer nada con él. Él dice que ha dejado a sus amigos por ella, que ahora está solo con un montón de gente que no conoce y que se siente fatal, que no entiende por qué le deja de lado. La abraza y le dice que la quiere. Ella se replantea la situación. Vaya, es que… él ha hecho todo esto por mí… yo no puedo dejarlo tirado tampoco… es que soy una mala persona y una mala amiga… además de desagradecida porque, a ver, él ha venido y yo estoy pasando de él…

Finalmente, ella lo besa. Y cuando vuelve a casa no entiende por qué lo ha hecho. Se lo hace saber a él, pero él le dice que todo ha sido muy bonito.

                               *                                                            *                                                            *

Ella está de fiesta, bailando en la discoteca. Ve a un chico guapo que la invita a una copa, empiezan a hablar. Se besan. Él insiste en que suban a su piso, que está aquí al lado. Ella se lo piensa. No tiene ganas de acostarse con él, pero puede ser divertido. ¿Subir a su piso significa que tiene que acostarse con él? No, ¿no? No lo sabe…

Lo está pasando bien, han bebido, han bailado. Se encienden las luces del bar y decide que puede ser buena idea subir al piso del chico que ha conocido. Parece un buen tío. Se despide de sus amigxs y él se despide de lxs suyxs. Suben al piso. Se sientan un rato en el sofá y charlan con una última copa. Comienzan a besarse y él empieza a desnudarla. Pero ella no quiere que pase nada. Otras veces lo ha hecho y ha estado bien, pero el chico no le acaba de convencer, está demasiado borracha o, simplemente, no le apetece. Se aparta un poco, pero él la busca. Ella le dice que no quiere hacerlo. Él insiste. Al fin y al cabo, ha subido a su piso, estaba claro para qué. ¿Por qué sube si no? Ella se siente culpable porque él tiene razón. Le ha hecho falsas ilusiones y ahora es culpa suya por no haber dejado las cosas claras desde el principio.  Se levanta, recoge todo, se disculpa y se va, pensando que nunca más hará algo parecido, o que asumirá las consecuencias. No, no tiene que asumir nada ¿por qué iba a hacerlo? Ahora que está fuera y sola parece tan sencillo… pero cuando está ahí es totalmente diferente.

                                *                                                            *                                                            *

Están los dos tumbados en la cama. Se ha hecho de día después de dormir toda la noche juntos y él comienza a besarla. Ella se da la vuelta en la cama, quiere seguir durmiendo, o estar tranquila un rato. Él insiste. Ella le dice que, por favor, pare. Él asiente, se disculpa y para. A los pocos minutos, su mano se desliza por el muslo de ella. Ella le dice que, por favor, pare. Él insiste. Le dice que tiene muchas ganas, que es que ella le pone mucho. Ella le dice que, por favor, pare. Él vuelve a probar. Le pregunta si es que ya no está enamorada de él, o si pasa algo. Le dice que casi no se ven últimamente, que tienen que aprovechar. Vuelve a besarla con todo el cariño del mundo. Ella le dice que, por favor, pare. Que se acaba de despertar y no tiene ganas. Él para. Un rato. Porque vuelve a insistir. Y terminan echando un polvo genial. O eso cree él.

*                                                            *                                                            *

Él vive lejos, en otra ciudad. Y ha venido a verla a ella, la chica que conoció en verano y con la que lo pasó genial. Ella está contenta de que él venga, aunque en realidad nunca se lo pidió. No sabe si realmente quería que viniese, ella está bien como está. Bueno, ahora que ha venido tampoco puede dejarlo tirado ¿no? Encima de que se ha hecho tantos kilómetros… Así que se encuentran, se besan y follan. Porque era lo que había que hacer. Solo faltaba, después de todo lo que él ha hecho por ella.

                               *                                                            *                                                            *

Ella está en la cama, sobre él, o ella, besándolx apasionadamente. La persona que tiene debajo le gusta muchísimo y los besos y caricias le producen mariposas en el estómago. Tiene ganas de acostarse con ella. Todo está bien. La cosa se pone seria y, de repente, a ella le entra algo de ansiedad. Tal vez por el mal recuerdo de una relación anterior, de un momento incómodo, una ruptura reciente o qué se yo, cualquier cosa. Ella se separa un poco y dice que no puede hacerlo, que algo no está bien. Y tal cual lo dice se siente culpable porque, a ver, están ahí. Lx ha puesto cachondx, han avanzado demasiado y decir ahora que no… está feo ¿no?

Pero entonces ocurre algo. La persona que tiene debajo, él o ella, se incorpora con una sonrisa y, suavemente, la aparta de encima y la sitúa a su lado. Le da un beso en la mejilla y le dice que no se preocupe, que ha tomado una buena decisión. Si no está cómoda, es mejor que no hagan nada. Le dice que se tumbe y que duerma tranquila que, si quiere, la abrazará toda la noche. Solo si quiere.

Ella lx mira con los ojos muy abiertos. Una maravillosa calma invade su cuerpo y de pronto lo comprende todo. Todo lo que ha pasado hasta ahora. Porque es verdad, ella no tiene culpa de nada. Ella puede decir que no, ella puede dejar con ganas a quien sea si no se siente cómoda porque no es algo que haya decidido o que haga por placer. Entiende que todas sus relaciones anteriores estaban mal. Pero no lo había comprendido hasta ahora. La presión, la culpabilidad.

No hay que “hacerse respetar” hay que respetar y punto. Haber comprendido que existen relaciones sanas te ayuda a avanzar, pero es muy probable que la próxima vez que viva una situación parecida la presión y la culpabilidad sigan estando ahí. Esta es la realidad de la cama, del sexo y lo peor es que muchas de las veces ocurre con gente aparentemente concienciada. Sé que la mayoría de las ocasiones no es algo que se haga queriendo, que es un comportamiento aprendido y arraigado y que casi nunca nos planteamos que está mal. Pero lo está.

Así que basta de bromas sobre papeleo, violaciones y consentimiento porque nosotras también tenemos derecho a disfrutar del sexo. Del sexo respetuoso, cómodo y con comunicación. Algo que, creedme, no abunda.

 

Por Yurippe (@femi_friki )

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