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Sacrificio: Estefanía.

feminismo, mujeres en lucha, madres, sacrificadas, hijos, abuelas, maltrato, maternidad, genero

Esta no es la primera vez que me siento para escribir este tema y, no sé por qué, si por cercanía o por las ideas cruzadas en mi cabeza, siempre se me atraganta.

El sacrificio de las madres… un tema amplio y complejo, un tema, que sin importar el rol o la posición que te haya tocado jugar en esta sociedad, te implica.

En mi cabeza ese sacrificio tiene título compartido, Mima y Estefanía, la primera hizo más veces de madre suplente que de abuela y la segunda es Má. Si bien mi abuela debería tener unas líneas aparte, este turno es de ella, de Estefanía. Una mujer que con dieciocho años se encontró casada y con una niña recién nacida, una mujer que, sin saberlo en ese momento, había pasado de la cautividad familiar a la de un hombre inestable, hipócrita, con más adicciones de las que podría confesar y la mano demasiado larga. Era otra época, los trapos se lavaban en casa, pero mejor que no volviese a trabajar pues ¿cuál es el mejor lugar para una mujer que en casa con su hija pequeña? Así pasaron los años y la casa se quedaba pequeña, se había distanciado de amigas, pero aún tenía a su hija y también lo tenía a él. Conformarse con esa vida durante casi ocho años fue un gran sacrificio, pero más aún lo fue perderse a sí misma. La pequeña cada vez hace más preguntas a las que no sabe enfrentarse; sin embargo, la convence para hallar respuestas en el mismo refugio en el que ella lo ha encontrado para enfrentarse a estos años de amarga existencia, la lectura. La separación es una idea que se plantea, varias veces acabó la ropa en el suelo de la habitación jurándose que sería la última vez… Y llegó Yared, una criatura que la había encontrado en una etapa dura, pero más madura. No sé si fueron las dudas sobre la paternidad del niño o que éste le había dado la fuerza suficiente, quizá fue la Escuela Taller, en la que poco a poco se estaba formando como jardinera, pero rompió las cadenas.

A sus veintiséis años se vio por primera vez desligada de ese hombre, aunque no de su familia, con sus dos hijos y sin trabajo. En la separación no quiso nada, ni siquiera contó la verdadera historia, solo quería pasar página. Empezó a salir, hizo amigas, Ángela y Mari Saro, eran como los Ángeles de Charlie, la recuerdo con sus pantalones de cintura baja y sus tops, a comerse la noche. Intentaba volver a ser ella, salió con chicos, pero nunca cuajaba, era principio de los 2000 pero ¿Quién va a salir con una chica con una hija preadolescente y un niño pequeño? Hay cosas que ni veinte años después han cambiado, aunque para ella sí. Trabajó de jardinera en el Ayuntamiento del pueblo, también pasó una época trabajando en el campo recogiendo flores. Cada gota de sudor se vertía en nuestro bienestar, cada una de ellas. No éramos ricos, pero puedo asegurar que nunca me faltó nada. En ella escaseaba la autoridad, y yo, su hija, me aproveché de eso durante toda la adolescencia, pero en las duras, ella siempre estaba allí.

La niña quiere estudiar en Madrid, debió pensar, ¿de dónde sacaré el dinero? Pues salió. Fueron años austeros y el padre de las criaturas en poco ayudaba, los lujos brillaron por su ausencia, pero me convertí en periodista. Gracias a ella, gracias a que, por enésima vez en esta historia, ella se puso en segundo lugar para hacer de mi vida y mis ilusiones su prioridad. Por suerte, a medida que crecimos, ella fue recuperándose, conociéndose, rebelándose como asidua a las fiestas populares de Gran Canaria, amante de Anatomía de Grey, las hamburguesas de pollo y su perro Robben. Ahora comparte su vida con Manu, un gran hombre que ha conseguido pasar la barrera protectora que tenía sobre mi madre (sí, me costó aceptar que ella podía enamorarse de nuevo) y hasta donde sé, es feliz.

Puede que no sea el artículo esperado, sin embargo, cuando pienso en el sacrificio de las madres, me viene todo esto, es una historia universal, aunque no completa en cada casa. Es una historia de mujeres que se olvidaron de sí mismas para traernos a este presente, para que tuviéramos una mejor vida que la que ellas tuvieron o, simplemente, para que pudiésemos elegir.

Por todo ello, gracias Má.

 

Por Náyade  @Nayadeee

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