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¿Política feminista o feministas en política?

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La política es, sin duda, uno de los ámbitos que ha incorporado a las mujeres en mayor medida. Tras la moción de censura presentada por el PSOE en mayo de 2018 y la constitución de un nuevo gobierno, España pasó a liderar el ranking de países con mayor número de mujeres en el gobierno y después de las elecciones de abril de 2019, nos encontramos con el Congreso más paritario de toda Europa y el quinto del mundo, según los datos de ONU Mujeres. Sin embargo, esta situación no duró demasiado, con la repetición electoral del diez de noviembre volvimos a retroceder debido al crecimiento de VOX, que lleva en sus listas apenas un 30% de mujeres y cumple la Ley de Igualdad de forma muy ajustada.

Pasamos, por tanto, de 166 diputadas en abril a 151 en el mes de noviembre. Otra de las consecuencias de la entrada de la ultraderecha en las instituciones.

Si nos fijamos en los partidos de ámbito nacional, encontramos que todos están liderados por hombres. ¿Acaso no hay mujeres capaces de ocupar esos puestos de liderazgo? ¿Sería la política distinta si los partidos políticos estuvieran liderados por mujeres? ¿Se llevarían a cabo políticas más feministas?

Para responder a estas cuestiones es necesario hacer varias aclaraciones. En primer lugar, no todas las mujeres son feministas. Para constatarlo solo hay que escuchar a las representantes de VOX en las distintas instituciones, que niegan de forma reiterada la existencia de la violencia machista y mantienen un rechazo total a las políticas feministas. Pero no son las únicas, en el PP también hay mujeres que niegan la necesidad del consentimiento en las relaciones sexuales, mientras que las diputadas de Ciudadanos se muestran a favor de los vientres de alquiler y en algunas facciones territoriales de Podemos encontramos a representantes políticas que denominan trabajo sexual a lo que solo puede llamarse explotación.

En segundo lugar, sigue existiendo una falta de referentes femeninos fruto de los espacios que mujeres y hombres han ocupado tradicionalmente: el espacio público, que siempre ha gozado de mayor prestigio, para los hombres; y, el privado, para las mujeres. Esa falta de referentes ha dado lugar a que encontremos a mujeres que imitan el tipo de liderazgo que ejercen los hombres, a veces como estrategia de supervivencia en el espacio público.

Si ahondamos en esta última idea y vamos al detalle, es decir, si nos fijamos en nuestras representantes políticas, encontramos diferentes maneras de ejercer el liderazgo. Hay, por una parte, mujeres que ejercen un liderazgo inclusivo, cooperante, cercano y flexible y otras que, en cambio, creen que si han llegado a ocupar puestos relevantes ha sido por su valía profesional y personal, y que quienes no lo consiguen es porque carecen de las competencias necesarias. Estas últimas, suelen adoptar estrategias masculinas y niegan categóricamente la existencia de las brechas de género.

Lejos de ese estilo de liderazgo patriarcal, existe un liderazgo feminista y algunas de sus características principales son la cooperación, la horizontalidad y la empatía. Ninguno de estas características son signos de debilidad, sino todo lo contrario. Necesitamos más mujeres referentes en este sentido y la política es uno de los ámbitos donde las mujeres están mejor representadas y goza de una mayor visibilidad que otros ámbitos del espacio público.

Una vez aclaradas las cuestiones cuantitativas y cualitativas, y respondiendo a las preguntas planteadas anteriormente, sí, las mujeres están tan preparadas como cualquier hombre para ocupar los primeros puestos en los partidos políticos. Sin embargo, y dada la existencia de mujeres machistas, su presencia no asegura que vayan a llevarse a cabo más políticas de igualdad. Mientras existan diputadas, y diputados, que pidan la derogación de la Ley de Violencia de Género, que rechacen las políticas de igualdad o que llamen “chiringuitos” a las organizaciones de mujeres nos alejaremos del objetivo que reclama el feminismo y que no es otro que la igualdad real entre hombres y mujeres en todos los ámbitos de la vida.

No deberían olvidar esas mujeres que su presencia en las instituciones se debe al feminismo, el mismo del que reniegan todos los días y al que, sin embargo, le deben su libertad.

Por Mercedes Alonso  @madrid_malonso

 

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