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Las feministas no queremos perder Barcelona

El feminismo no es un camino fácil, de hecho, es bastante tortuoso y produce un cambio incuestionable en toda aquella persona que lo recorre en mayor o menor medida, pero sobre todo, si se dedica a tratar de recorrerlo de forma profunda, llegando hasta el final con todas sus consecuencias. Hay un tipo de feminismo vigente y de plena actualidad al que le falta ese último recorrido, esa vuelta final de tuerca que consiste en hacer tuyas las teorías fundamentales del feminismo que como todas las teorías políticas y las corrientes de pensamiento, tiene su propia historia, sus ideologías básicas, su propia bibliografía… y eso al parecer da pereza por más necesario que sea. Sin esa base, sin esas ideas firmemente asentadas en la mente se corre el riesgo de bifurcarse, de perderse, de no ver realmente el horizonte de toda una lucha o de perder el norte.

Eso lo estamos viendo en Ada Colau y en todos los sucesos que están ocurriendo este año en Barcelona. Ada parece haber tomado partido por una especie de regulacionismo de la prostitución ignorando que las bases teóricas del feminismo son abolicionistas. Su apoyo al colectivo LGTBI, muy legítimo por otro lado, pero plenamente identificado con el neoliberalismo, el apoyo de la filósofa Judith Butler a su candidatura, la defensa de la prostitución como un trabajo sexual, el apoyo a las asociaciones que defienden los derechos de las mujeres prostituidas son los datos que nos hacen ver esa falta de teoría feminista básica. Para las feministas la prostitución sustenta una explotación de la mujer, de su cuerpo, es una terrible forma de esclavitud todavía no abolida. En su cara menos visible es otra forma más de violencia machista.

Barcelona ha sufrido un viraje hacia el neoliberalismo tanto en prostitución como en el tema LGTBI. En el primero es significativo que no se tomen medidas contra el proxenetismo ni los puteros. El apoyo del ayuntamiento es claramente a favor de un regulacionismo que contradice las bases históricas del feminismo y su teoría. Desde l´Institut Català de les Dones, el Consell Nacional de les Dones de Catalunya y Ca la Dona se han manifestado abiertamente a favor de una regulación de la prostitución en medio de las contradicciones que crea el compaginar feminismo con prostitución

En las reuniones cercanas al 8M  se llegó a expulsar a las representantes abolicionistas mientras se recogían las pretensiones de la “patronal” del sindicato OTRAS y se destapó las subvenciones a  APROSEX por parte de Colau. No puede ser que un partido y una alcaldesa progresista, de izquierdas, feminista y mujer, tenga la misma línea de pensamiento sobre este tema que, por ejemplo,  Ciudadanos, de corte derechista y neoliberal de lo más descarado. Solo ese dato debería hacerla recapacitar. Ada parece no darse cuenta de que con este apoyo, está facilitando la labor de proxenetas y personas que explotan a la mujer, pero en ningún caso le está dando poder a la mujer prostituida. Con su visto bueno a esa explotación “empresarial” de la prostitución, Barcelona será el puticlub más grande de Europa y no el lugar progresista y libre que siempre ha sido. No al menos para las mujeres prostituidas.

Ser prostituta no es moderno ni empoderante. Ser prostituta es caer en el uso más antiguo del patriarcado sobre el cuerpo de la mujer. No se puede hablar de libertad para ser puta pero en caso de hacerlo, de que realmente existiera la libre elección (algo que nadie tiene realmente) ha de ser desde la libertad individual de cada mujer que decida serlo y no desde los sindicatos de puteros ni de los “empresarios” del sexo. La industria del sexo, que mueve miles de millones al día, aprovisiona bien a estas formaciones y cuenta con poder suficiente como para crear corrientes de opinión en su favor.

Ya en 2015 Ada se planteó regular la prostitución voluntaria y tratar de eliminar las multas a puteros y proxenetas. El tema sigue en el aire pero su apoyo manifiesto ha dado alas a los colectivos que ven en estas teorías una legitimación de los aspectos más bochornosos: la explotación del cuerpo de la mujer, la explotación del individuo, por parte de un tejido empresarial nutrido de trata y en medio de la economía sumergida. Si bien es cierto que no se puede ni se debe penalizar a las mujeres prostituidas, no es menos cierto que legalizar como empresario a quienes de toda la vida han sido chulos de putas es lo más soez y absurdo que pueda hacer.

El feminismo es un camino recto que tiene unos principios fundamentales inamovibles porque están reconocidos en la misma declaración de los Derechos Humanos. Las feministas somos, ante todo, humanistas. A este camino, a este recorrido que vamos haciendo juntas se nos puede sumar todo el mundo: el feminismo no pregunta ni qué eres, ni qué haces, ni como te reconoces o de dónde vienes, pero sí exige que al menos tengas claro a dónde vas y que sepas en qué consiste cada paso que das en esa misma dirección. Si una persona decide que esa teoría no se ajusta a su pensamiento quizá sea porque no es feminista, porque su lucha quizá sea otra, porque no ha profundizado hasta la raíz misma del feminismo y entonces puede denominarse como quiera, libfem, feminista liberal, neofeminista, pero el feminismo real  es otra cosa, y no contempla más que la abolición.

 

Por Nina Peña (@ninapenyap)

 

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