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Ni Dios, ni patrón, ni marido I

El mes de abril tiene dos fechas clave para la historia de este país. El 1 y el 14, día en que se dio por terminada la guerra civil y el día que se proclamó la II república. Las dos fechas, para los mal llamados nostálgicos, relatan sin embargo dos modos muy distintos de enfocar a la mujer en la sociedad y sobre todo, han dejado una carga muy distinta que a veces se mantiene todavía hoy en según qué sectores sociales.

Tras la I Guerra Mundial, en los años de crecimiento económico para toda Europa y tras el importante papel de la mujer en puestos de trabajo y en las líneas defensivas o médicas, fue imposible para muchos países, no conceder el voto femenino y comenzar a equiparar o valorar la función social de las mujeres.  En las siguientes décadas fueron muchos los países en los que la mujer fue consiguiendo el sufragio femenino, aunque en algunos lugares, como la Alemania nazi, fuera suspendido hasta el final de la II Guerra Mundial.

España,  en donde el feminismo parecía estar en pañales con pocas mujeres que fueran capaces de reunir el poder suficiente como para representarlo o, más difícil aún, lograr convocar a miles de mujeres en un movimiento que en principio era más burgués y al que pocas tenían acceso bien por educación o por vivir en un medio eminentemente rural como era la España en los años veinte, la verdadera revolución femenina no llegó hasta los años de la república, con figuras como, principalmente Clara Campoamor o Victoria Kent, ambas diputadas e impulsoras del sufragio femenino  aunque desde puntos de vista encontrados. Las dos protagonizaron uno de los considerados mejores debates y de más calidad que se han podido ver en el hemiciclo parlamentario hasta el punto de que el discurso de Clara Campoamor, abogando por el sufragio femenino sigue siendo compartido en redes sociales, recordado en periódicos y contemplado como una de las mejores ponencias de nuestra historia parlamentaria. Además del ya mítico desacuerdo entre las diputadas Campoamor y Kent, que lanzó sus figuras como políticas, cabe destacar a mujeres como Margarita Nelken, también diputada y Federica Montseny, sindicalista, escritora, anarquista y ministra de la II república, Teresa Claramunt, líder sindical, quienes impulsaron mediante leyes la libertad y la igualdad de la mujer en una sociedad que nunca antes la había conocido, lo que permitió a la mujer florecer y darse a conocer en aspectos públicos y culturales. Francisca Bohigar, Matilda de la Torre y Venerada García Manzano, fueron elegidas diputadas en las elecciones de 1936.

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Hay toda una generación de mujeres que crecieron y maduraron en este momento histórico;  Ernestina de Champourci, poeta, Mª Teresa de León, escritora y una de las primeras mujeres doctoradas en Filosofía y Letras, Concha Méndez, poeta y editora, Maruja Mallo, pintora, María Zambrano, filosofa, poeta y escritora, Rosa Chacel, escritora, Enriqueta Otero, maestra, feminista y secretaria personal de La Pasionaria, Mª Luz Morales, periodista y la primera mujer en España que dirigió un periódico, Marga Gil Röeset, escultora, ilustradora y poetisa, María de Maetzu, pedagoga y humanista, fundadora de la Residencia para Señoritas y presidenta del Lyceum Club Femenino, dos de los centros culturales femeninos más importantes de España, María Lejárraga,  escritora y feminista declarada,  Margarita Manso, pintora, Zenobia de Campubrí, lingüista y escritora…

http://mujervisible.eu/2018/08/07/las-sinsombrero/

La reforma educativa que equiparaba y profesionalizaba la carrera de maestra a un grado universitario, permitió que la mujer tuviera acceso a un nivel cultural y académico impensable para las maestras de otras épocas, al mismo tiempo las mujeres comenzaron a tener acceso a otras carreras,  a cursos  superiores y a otros medios de vida que no los simples medios destinados tradicionalmente a las mujeres, pudiendo optar incluso a ostentar empleos y cargos públicos. La educación dejó de ser segregada y se obligó a que todo el alumnado tuviera derecho a los mismos conocimientos en la escuela llamada elemental sin que éstos fueran distintos para las niñas. Se suprimió todo tipo de discriminación laboral para las mujeres casadas. Se obtuvo también  la igualdad de derechos dentro del matrimonio, la protección de todos los ciudadanos por parte del estado, el principio de igualdad de los sexos, el voto femenino y el divorcio.

La igualdad ante la ley había llegado.

Contexto histórico

Estas mujeres, pese a venir de disciplinas muy dispares en incluso en ocasiones de pensamientos distintos, se unieron estrechamente y abrazaron a su vez a las mujeres que habían propiciado ese cambio y que pertenecían a generaciones anteriores, como por ejemplo la Generación del 14. Tenían todas una misma lucha en común: la igualdad social de la mujer.

España venía de perder las últimas colonias en América y de una profunda crisis nacional que propició el nacimiento de cambios políticos, económicos e intelectuales entre los que, por fin, tuvo cabida el feminismo como forma de resolver la situación de la mujer. La aparición de una mueva feminidad en Europa, donde ya se había logrado el sufragio y desde donde llegaban movimientos sociales e intelectuales que en España no se  habían visto de forma tan popular y rotunda hasta entonces, dio paso a una mujer nueva, moderna, con mayor grado de autonomía y una más elevada educación.  Creativa e inteligente, la nueva mujer se siente y es libre, sobre todo en las ciudades, donde hay una mayor presencia de avances tecnológicos, culturales, sociales y políticos. Las mujeres pueden salir solas, acceder a lugares públicos, incorporarse al mundo laboral, pueden sentarse en una cafetería a tomar café o fumarse un cigarrillo en medio de tertulias culturales que en otros tiempos les fueron vetadas.

Comienzan a tener reconocimiento público ante una sociedad conquistada por su nueva voz, por su creatividad, por su universo íntimo y artístico que salta de pronto a la calle.

Las mujeres se reúnen en lugares como el Lyceum Club Femenino, se crea la Asociación Universitaria Femenina, viven y estudian juntas en la Residencia para Señoritas. Estas mujeres se reivindican a sí mismas como parte de la Generación del 27, como figuras intelectuales y culturales. Publican libros, escriben artículos y reseñas literarias en revistas prestigiosas de la época como  Revista de Occidente o La gaceta literaria, traducen autores clásicos, montan exposiciones de arquitectura,  arte, pintura, escultura…Sus fuertes personalidades, su independencia y libre pensamiento así como la búsqueda de un perfil femenino y propio, cambia por completo el concepto de lo femenino alejándolo de  la imagen tradicional de la mujer, hasta entonces ignorada o condenada al ostracismo y sin reconocimiento público salvo unas pocas excepciones.

 

En la próxima entrega se explicará el papel de la mujer en la guerra civil y el franquismo.

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