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El machismo de izquierda

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Cada vez  se hace más patente la necesidad de que haya un partido de mujeres feministas que nos represente en elecciones. Cada vez es más continuo ver noticias en las que algunos colectivos  hacen suya una ideología que choca de frente con las verdaderas corrientes filosóficas del feminismo y es urgente que haya alguien  que no solo nos represente, sino con quienes podamos sentirnos representadas, sin que se salten las dos líneas rojas que muchas feministas vemos infranqueables; la prostitución y el alquiler de vientres.

Cada vez más, y para nuestro desencanto, vemos como hay voces que se hacen eco de dos posturas que el feminismo bien entendido se niega a aceptar por considerar que en ambos casos, se comercializa y se cosifica el cuerpo de las mujeres y atenta contra su dignidad. El feminismo, que en principio fue un brazo de las corrientes de izquierdas europeas, que se ha valido de la mujer para tener un amplio espectro de respuesta y una base electoral y social amplia, se descubre con dudas y con frases que ya no se pueden tolerar.

Si nos remontamos a la primera vez que comenzamos a notar esta especie de escisión en el marco de la izquierda española fue con el discurso de Sam Fernández y la teoría de cambiar el sujeto del feminismo, precisamente un movimiento que siempre ha aglutinado a corrientes sociales distintas como el colectivo LGTBI, pero ahora, cuando en esta nueva forma de entender y vivir el feminismo en donde ya no es suficiente lo de “lo personal es político” sino que más bien lo íntimo es público. Las diferentes colectividades tienden a dar la espalda a nuestros paradigmas y a tratar de imponer otros, que aunque pueden estar bajo el paraguas del mismo movimiento, obedecen a deseos personales o a responder a otras manifestaciones violentas del patriarcado que, en teoría, el feminismo no responde.

El partido Iniciativa Feminista en su programa electoral para las europeas de 2014 llevaba en su agenda promover  “de manera transversal y de manera real el enfoque de género para favorecer el empoderamiento de las mujeres en las diversas regiones del mundo, su acceso y control a los recursos, y vigilar el respeto a sus derechos humanos. En este ámbito se incluirá a las organizaciones que luchan por el reconocimiento de los derechos LGBT y por cambiar las estructuras jurídicas, políticas y sociales que condenan a las personas por su orientación sexual y su identidad de género”.

Otro de los últimos movimientos que se ha destapado con un escándalo es del de los Chalecos amarillos. Hace unos días, en España, las cuentas de Telegram de los Chalecos amarillos se han silenciado, se han bloqueado y han expulsado a todas las mujeres feministas por discrepar en un punto sobre feminismo que había sido consensuado previamente en grupos de trabajo. Curiosamente se han quedado tres hombres al frente de de un grupo feminista… Las capturas de pantalla compartidas de esas discusiones no dejan lugar a dudas; hablan de “entrismo” feminista, de propuestas que no son del interés general, se acusa al feminismo de ser responsable del auge de la derecha y extrema derecha en España, como si en realidad quisieran tener seguidoras sumisas que aprueben sus textos, que suscriban sus ideas y formen una base popular sin voz real en lugar de mujeres batalladoras que exigen sus propios espacios y sus propios intereses. Está claro que en los grupos donde hay hombres, sus intereses prioritarios no son los nuestros, nos consideran como de poco relieve colectivo, como si nosotras no fuéramos quienes estamos siendo más perjudicadas por el modelo económico y social contra el que ellos se manifiestan.

Por otro lado, se están creando corrientes de opinión muy interesadas en sacar temas a la palestra que las feministas no podemos aprobar, como puede ser la regulación de la prostitución o una nueva ley sobre las gestaciones subrogadas.  Ada Colau se planteó en un momento poder legislar sobre la prostitución. Clara Serra e Iñigo Errejón se han mostrado proclives a unas nuevas leyes sobre dos de los temas más polémicos y que las feministas consideramos innegociables. Son varias las personas que ya se han manifestado en diferentes redes sociales de lo inadecuado que puede ser votar a un partido que no termina de aclarar su posición en estos dos temas que, además, parecen ser una especie de Caballo de Troya para algunos partidos de derechas que tratan de colarlo en el debate público cada vez que pueden y que tienen un micrófono delante aunque no venga ni a cuento. Tal vez, si los partidos de izquierdas tienen una opinión tan tibia con esos dos temas tan cruciales, es hora de que el Partido Feminista de España se desmarque de ellos y comience un andadura aparte junto a otros partidos como Iniciativa Feminista que permanecen al margen de ese tipo de dudas.

Las personas que ostentan cargos en los partidos políticos de izquierdas y que tienen, por tanto, fuerza en las tomas de decisiones o en las corrientes ideológicas del mismo, no deberían caer en la tentación de hacer suya la teoría de la libre elección, de hacer suyo el discurso neoliberal de que una mujer es libre para hacer con su cuerpo lo que quiera y que siempre suele ser usado en  los dos supuestos que menos nos gustan a las feministas. Decir que una mujer es libre para luego añadir que puede prostituirse o alquilar su vientre es de un cinismo que la izquierda no puede permitirse. No se puede hablar de izquierdas sin tener en cuenta la feminización de la pobreza que lleva a la mayoría de mujeres a creer que son libres cuando la sociedad patriarcal y capitalista está empujándolas en la dirección conveniente.

Aunque los hombres de izquierda suelen ser menos machistas, también son poco proclives a reconocer su propio machismo, a tratar de deconstruirse desde otro centro que no sea el propio, dejando que su supuesta forma de pensar progresista cree una máscara que lo oculte. Quizás hasta critiquen el antifeminismo de la derecha si parasen a analizar su propio machismo. Es más fácil también para ellos dar lecciones de feminismo que dar un paso atrás y dejarnos a nosotras tener la voz y el protagonismo de nuestra propia historia, de nuestra propia lucha.

El patriarcado es el socio del capitalismo y no tendría sentido luchar por la igualdad o por el cumplimiento de los Derechos Humanos sino tratamos de obtener una sociedad más igual también en clases sociales, si no pensáramos en derribar cualquier tipo de opresión, cualquier tipo de violencia contra las mujeres, desde la más brutal hasta la más sutil, la que ni siquiera muchas mujeres detectan. Flora Tristán decía que “el hombre más oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. La mujer es la proletaria del proletario”. Sin feminismo no hay izquierda. Y si ellos olvidan eso, las feministas estamos obligadas a recordárselo.

 

Por Nina (@ninapenyap )

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1 Comentario
  • 6 febrero, 2019 en 20:48
    Julia Bayo

    Creo que no has sido debidamente informada de lo que pasó en Chalecos Amarillos y de todo lo que pasó posteriormente , no fueron expulsadas todas las mujeres feministas, fueron expulsadas unas cinco personas (de un grupo de 84) que se hacen llamar ”feministas” pero que utilizan las mismas formas y modos del más rancio machismo. En mi opinión ,como mujer feminista que soy, las mujeres no estamos luchando para imitar el machismo, luchamos para cambiar las cosas.
    Voy a obviar los insultos y acoso de esas ”sras”, y te voy a contar una mínima parte de lo que estas ”señoras” que se hacen llamar feministas hicieron: Pusieron en duda el maltrato a una mujer y contestaron cosas como ” mucho presumes de maltratada”, no contentas con eso y cuando ella les hizo participes del daño que ese comentario causaba esta fue la respuesta: ”¿te ha jodido?, lo celebro”. En fin…que cuando alguien cuenta algo, hay que contrastarlo y escuchar a todas las partes. Más que nada porque las mujeres feministas que estabamos en ese grupo (insisto de 84 personas) no estabamos en absoluto de acuerdo con el comportamiento de esas 5 personas. Hubo un problema, si. Se soluciono, sí. Pero estas cinco personas querian reventar el grupo para hacerse con el ”poder” y/o hacer un grupo a su imagen y semejanza y carente de la más mínima sororidad.
    Un saludo de una mujer feminista y gracias por el artículo.

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