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Dora Maar, fotógrafa invisible

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Podemos empezar hablando de Theodora Henriette Markovitch, una joven nacida en Francia en 1907 y criada en Argentina debido al trabajo de su padre como arquitecto, que hablaba español y francés además de recibir la influencia por el arte de su madre, Julie Vosin, violinista francesa.

Adoraba la fotografía y la pintura, caracterizada por un ambiente onírico y misterioso. Estudió en la Academie Lothe, en la cual conoció a Henri Cartier-Bresson quien la describiría como “una fotógrafa extraordinaria”, y más tarde continuó su formación artística en L’École de fotografie de la Ville de París.

Se integró en los círculos más vanguardistas de París en los años 20 y 30, donde acabaría por decantarse por la corriente surrealista, entonces en auge. En su fotografía rompe con los convencionalismos y además retrata la exclusión y la pobreza y, aún siendo conocedora de las dificultades que se le presentarían como mujer en el mundo del arte, era admirada por muchos expertos.

Si esta fuese su carta de presentación ¿todas sabríamos de quien se está hablando? Sin duda es la imagen de una importante artista pero ¿hemos escuchado hablar de ella?

Seguramente no.

Pero ¿y si decimos que fue la mujer de Picasso?

Porque sí, ese pequeño detalle, una relación absorbente con el artista de siete años de duración fue el acontecimiento que ha marcado su historia, y quizás ha sido lo que la ha mantenido en el olvido.

Ella era conocida en el mundo del arte como Dora Maar. Tenía un nombre, era muy valorada y recibía críticas bastante positivas. Con imágenes tan conocidas como el “Retrato de Ubú”, que acabó por convertirse en un icono del surrealismo.

 

En una reunión en el café Les Deux Magots, se puso a jugar con la navajita que habitualmente llevaba en el bolso. Haciendo saltar la hoja entre los dedos, no detuvo el juego pese a que la sangre chorreaba por su mano. Picasso quedó hipnotizado y le pidió sus guantes ensangrentados”.

  • Victoria Combalía en su libro Dora Maar.

 

Este fue el día que Dora y Picasso se conocieron, ella tenía 29 años, él 55, e iniciaron una tortuosa relación, y aunque Picasso reconocía ocasionalmente su talento era incuestionable que se sentía superior. Ella acabó por ser eclipsada y abandonó la fotografía, animada por Picasso.

Aun así esta mujer está detrás de grandes obras del pintor, por ejemplo La mujer que llora (1937), o Le chandail jaune y Femme allongee sur un divan, ambos de 1939, en los que vemos a una mujer misteriosa, seria o incluso con lágrimas en los ojos, además su fotografía registró su proceso de creación de su mejor creación, El Gernika.

Su relación finalizó en 1945 porque Picasso encontró una mujer más joven por la que “sustituir” a Dora y la señaló como la culpable pues la acusaba de haberse vuelto loca, cuando la realidad es que estaba pasando por una profunda depresión tras sentirse humillada y abandonada.

Ella sufrió maltrato psicológico. Y es cierto que ella, después, sufrió un brote psicótico, pero estuvo solo once días internada y se curó.” Cuenta también Victoria Combalía que Picasso solía terminar por despreciar a las mujeres pues se cansaba de ellas y buscaba otra; esto empujó a Dora a su internamiento, ya que las consecuencias del maltrato psicológico en aquel momento normalmente se trataban como locura, mediante una terapia de electrochoques.

No fue la única pues otras mujeres como Marie Thérèse, que decidió ahorcarse, u Olga Koklova, que terminó en un psiquiátrico, también sufrieron estas consecuencias.

Tras la traumática ruptura Dora decidió recluirse y encomendar su vida a su creencia religiosa, nunca se volvió a saber nada de su vida amorosa y sus amigos fueron desapareciendo poco  a poco.

Dora Maar falleció sola a la edad de 90 años en 1997. Dejó en testamento a su padre y un monje una colección de 130 picassos y la mayoría de sus fotografías.

Desgraciadamente muchas artistas, como Dora Maar, se han mantenido a la sombra de aquellos que la acompañaron una parte de su vida y dejaron a su paso una huella negativa que las eclipsó para siempre.

 

Por Ángela (@Angela_1723

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