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Simone de Beauvoir, escritora

La filosofía ha sido tradicionalmente una disciplina de hombres. Desde Sócrates a Habermas, una infinita lista de nombres de varones conforma sus filas. Al pensar, por ejemplo, en el existencialismo, seguramente será el nombre de Jean-Paul Sartre el primero que os venga a la mente. Sin embargo, se olvida que la obra existencialista más transformadora fue escrita por una mujer.

Simone de Beauvoir nació en París el 9 de enero de 1908. Aunque criada en la ciudad, su entorno social estaba plagado de nociones retrógradas sobre la clase, la raza, etc. pero, sobre todo, la feminidad. Pese a todo, ella eligió seguir el camino de la rebelión, adoptando un total compromiso con la libertad, que demostró en cada uno de los ámbitos de su vida: se dedicó enteramente a su trabajo, renunciando a tener descendencia, y junto a una pareja muy poco convencional. Además de una excelente filósofa, fue también una de las escritoras más revolucionarias del siglo XX. Su principal obra, El segundo sexo, impulsó a las mujeres que la leyeron a tomar el control de sus propias vidas, dando pie al comienzo de la segunda oleada del feminismo.

Beauvoir fue, como hemos apuntado, una escritora muy prolífica.  Firmó obras de ficción, programas de radio, ensayos y tratados filosóficos, todos ellos unidos por una corriente de pensamiento que a menudo estuvo cercana a la de Sartre, su compañero de vida, aunque ella la desarrolló en gran parte separadamente.

La filosofía de Simone estuvo dedicada a explorar cómo actúan las fuerzas de la obligación y la libertad a lo largo de nuestras vidas, y cómo este choque se convierte en nosotros mismos. Puso especial interés en las líneas de poder del deseo, la observación, los celos y el control que conectan a las personas. En cuanto a la ficción, su obra supera en mucho a la de Sartre y otros colegas existencialistas. Pongamos por ejemplo su primera novela, publicada en 1943: La invitada. Beauvoir se basa para su ejecución en el trío amoroso entre ella misma, Sartre, y una de sus antiguas alumnas, Olga Kosakiewicz. De este modo, y como ella misma aseveró, se liberó del dolor, la incomodidad y los celos que le provocaban dicha situación.

Por otra parte, tras la invasión alemana de Francia en la Segunda Guerra Mundial, los escritores existencialistas se comprometieron con la Resistencia y escondieron en sus obras mensajes subversivos. En el caso de Simone, realizó la única obra teatral de su carrera, Las bocas inútiles, ambientada en una ciudad flamenca medieval bajo asedio. Después de la guerra, publicó su “novela de resistencia”, La sangre de otros, que sugería la necesidad de la acción rebelde. Asimismo, escribió un artículo titulado “Pirro y Cineas”, siguiendo el mismo argumento de la desobediencia, aunque en un territorio más personal.

No obstante, y sin duda, como se ha anotado anteriormente, la principal obra de Beauvoir fue su influyente estudio feminista, El segundo sexo. Capítulos y versiones tempranas aparecieron en Les Temps modernes (Periódico fundado en 1945 por Sartre, Beauvoir y otros compañeros existencialistas) en 1948; el tomo entero fue publicado en 1949. El escrito procede de años de lecturas y razonamientos, así como de conversaciones con Sartre, pero de ningún modo es un simple anexo a la filosofía sartreana, como se quiso tomar alguna vez. La obra fue recibida con incomodidad. Baste decir que la Iglesia católica la añadió en su Índice de libros prohibidos. Se trataba de una vuelta del revés de las ideas aceptadas sobre la naturaleza de la experiencia humana. Fue también un ejemplo de lo que podríamos denominar como “existencialismo aplicado”. Beauvoir utilizó la filosofía para reflexionar sobre dos temas: la historia de la humanidad, que reinterpretó como historia del patriarcado, y la historia de una mujer individual. Simone combinó aquí elementos de su propia experiencia (por ejemplo, no pudo asistir a la École Normale Supérieure, ya que no estaba abierta a las chicas cuando ella empezó su educación superior en 1925) con historias recogidas de otras mujeres, además de extensos estudios sobre historia, sociología, biología y psicología. El principio fundamental de Beauvoir era que criarse como mujer suponía una diferencia mayor para una persona de lo que creía la mayor parte de la gente: las experiencias de una mujer en el día a día divergían de las de un hombre incluso en momentos tempranos de la vida. La gente suponía que estas diferencias eran expresiones “naturales” de la feminidad. Para Simone, sin embargo, se trataba solo de mitos de la feminidad, que actuaban para apartar a las mujeres de la capacidad de establecer su autoridad y su actividad en el mundo, para encerrarlas en la mediocridad, enseñándoles a convertirse en personas introvertidas, pasivas, llenas de dudas sobre sí mimas y ansiosas por complacer. Es decir, en palabras de la misma Beauvoir, dichos mitos muestran cómo “una no nace, sino que más bien se convierte en mujer”. Por otra parte, Simone consideraba que la mayor inhibición de las mujeres procedía de su tendencia adquirida a verse a sí mismas como “otras”, en lugar de como sujeto trascendente. La mujer sería, de esta forma, “otra” para el hombre. En lugar de observar el mundo tal y como se presenta ante ella, mantiene un punto de vista en el cual es el objeto. Es entonces cuando en el interior de cada mujer se desata una lucha entre la libertad y la constricción. Por ello, Beauvoir consideró que el problema de cómo ser mujer era el problema existencialista por excelencia. Pero, sin duda, lo más importante en cuanto a su obra, fue que animó a las mujeres a despertar su conciencia, a cuestionarse las ideas preconcebidas y las rutinas, y a apoderarse de su propia existencia, buscando, ante todo, la libertad. Por todo ello, creo firmemente que debemos dar las gracias a Simone, y continuar su legado en la medida que nos sea posible.

Referencia bibliográfica

BAKEWELL, Sara (2016). En el café de los existencialistas, Ariel, Barcelona.

  1. DE LA CUEVA, Carmen (2018). Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir, LUMEN, Barcelona.

 

Por María Valero

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