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Diario de una loca feminista en vacaciones

feminismo, verano feminista, vacaciones

Carretera, música y olor a vacaciones… Esa sensación de que lo bueno comienza por fin y que el estrés, la rutina y las obligaciones van quedándose atrás; más lejos cuanto más kilómetros avanzamos. Aprovecho para rescatar CDs de la guantera, algunos ni recordaba que estuvieran allí. Me inundan sensaciones de otro tiempo, haciéndome conectar con momentos que viven dentro de mí, aunque pasen años sin salir a la superficie.

Suena “Y ¿si fuera ella?” y la garganta se me aprieta al escucharla. El videoclip de esta canción viene enseguida a mi mente. Alejandro Sanz manteniendo relaciones sexuales con diferentes mujeres…. No recuerdo ninguna en particular, sólo a él, en la cama con cuerpos que le envuelven al ritmo de la melodía. El hecho de no recordarlas es porque podían ser intercambiables, no nos mostraban nada de ellas, sólo sus atributos físicos, sólo su imagen de mujeres normativamente perfectas. La pregunta de la canción continúa sonando una y otra vez, poniendo banda sonora a mis pensamientos…

Hoy, esta letra no me conmueve. En sus palabras se esconde la idea de que independientemente de las particularidades de cada mujer que pasa por la vida de un hombre heterosexual, todas juegan un mismo papel: “Y la encontraré de nuevo. Pero con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo. Pero sigue siendo ella”. El dolor de la ruptura no es por echar de menos a esa persona, sus cualidades y el tiempo compartido con ella sino por la duda de haber cometido un error “Y, si esa que se aleja… La que estoy perdiendo… Y, ¿si esa era? ¿Y si fuera ella?”. Y, ¿si era quién? ¿Ese amor verdadero y único que se nos educa para creer que existe y que hay que esforzarse por mantener? O, ¿quizá esa mujer perfectamente ajustada al ideal heteropatriarcal?

Independientemente de cubrir con las expectativas masculinas, todas somos ella en el sentido más puro de la expresión. El valor de cada una de nosotras y lo que podemos aportar en una relación de pareja o de amistad, en un equipo profesional o en cualquier otro escenario de nuestra vida, es único. Estamos llenas de emociones, de historias, de inquietudes y somos capaces de crear, de descubrir, de aprender y, sobre todo, de amarnos (entre nosotras y a nosotras mismas). Me niego a reducir mi identidad a ser o no elegida por “el hombre” y a jugarme la autoestima a ver si encajo en un molde estrecho e incómodo que me haga perder la energía y las ganas de crecer. Quiero conocerme y reconocerme para poder luchar por no ser cosificada ni intercambiable; yo no compito con el resto de mujeres, mi lugar está junto a ellas.

A esta reflexión le sigue el repaso de otras canciones; divagando sobre el poder de la música que tiene un papel fundamental en la reproducción de los estereotipos y en la transmisión del amor romántico, alimentando asimetrías en función del sexo y mitos dañinos a la hora de amar. Así comienza mi viaje, las vacaciones de una loca feminista.

Hoy toca caminata por la naturaleza. Disfrutando de esa conexión tan maravillosa que permite lo salvaje, haciéndome sentir que el mundo es un lugar que me acoge con los brazos abiertos, desde el más profundo respeto. Me olvido de lo cultural, disfruto sin interpretaciones ni juicios… Y ¡Zas! En uno de los carteles con breves explicaciones de seres mitológicos (más bien dirigido a los niños y niñas) me topo con una machistada.

coeducación,  sexismo

 

Es como una bofetada que me recuerda que el machismo está ahí, en cualquier lugar que haya llegado el hombre (no estoy usando el masculino genérico), rompiendo el equilibrio y generando desigualdades. El camino no está muy concurrido este día pero imagino a familias leyendo estas líneas, poniendo ese granito de arena para que los y las más pequeñas crezcan incorporando la idea de lo qué es ser una mujer y lo qué es ser un hombre. Las palabras van dirigidas a ellos y lo femenino cosificado dentro del mensaje, dándonos a elegir como uno de los premios. Aprendizajes en medio de la tranquilidad de un entorno hermoso y apacible; que se suman en los procesos de socialización para seguir construyendo miradas. Las miradas a través de las cuáles se analizará el mundo y se seguirá reproduciendo el sistema en el que estamos todas las personas inmersas. Desarrollar una visión crítica hace que nuestro camino sea consciente, tanto en esta ruta de senderismo como en la propia vida.

 

Poder encontrarse en vacaciones con las personas que quieres y que durante el año no tienes la oportunidad de ver es un regalo. Hoy, en torno a la mesa, el testimonio duro de una amiga que pide consejo penetra en mí como una flecha. Sé lo que quiere oír y no es lo que puedo decirle. Me surge la necesidad imperiosa de construirle unas gafas moradas a medida, únicas y personalizadas; deseando tener la palabra justa y la intensidad perfecta para no sobrepasar su ventana de tolerancia. Rabia e impotencia; y la percepción de mi capacidad de ayuda como un péndulo… Consigo parar el vaivén y estar presente mientras me habla, elaborando en ese momento su propio relato, compartiendo sus temores y escuchándose a sí misma.

 

Jarro de agua fría al conocer la sentencia de Juana Rivas. Quiero echarme a la calle de la ciudad en la que me encuentro pero aún no hay ninguna concentración organizad. Siento un profundo dolor, y sólo puedo leer a las compañeras en las redes y estar enganchada al móvil. “Tienes que desconectar, estás de vacaciones”. ¿Cómo? El mundo no deja de dañarnos a las mujeres, sea temporada alta o baja, el sistema sigue retándonos y tratando de atarnos corto para que no cambiemos el mundo. Y yo no puedo apagar el fuego que se enciende dentro de mí. Hoy #TodasSomosJuana.

 

Disfrutar de la música en directo es uno de los planazos de mis vacaciones. Acudo a un concierto y me encuentro con este mensaje en el escenario.

Solo Sí es Sí, feminismo

Que las personas con gran poder de convocatoria utilicen su altavoz para posicionarse y dar visibilidad a las luchas sociales me parece lo justo. Escucho muy emocionada las palabras del cantante de la banda haciendo alusión a las últimas decisiones judiciales y mostrando su apoyo a Juana Rivas. La compuerta se abre y no puedo parar durante un rato… lágrimas que brotan de mi más profundo deseo de construir un mundo feminista en el que todas podamos ser libres.

 

Bañarse en el mar del Mediterráneo puede resultar menos refrescante de lo esperado en plena ola de calor pero disfrutar de la playa tiene los días contados así que aprovecho la oportunidad; hoy toca arena y sal. A unos metros de mí hay cuatro chicos de no más de 20 años charlando animadamente; cada vez suben más el tono, entre risas están hablando de las chicas como si fueran meros objetos, compartiendo sus experiencias sexuales con tal desprecio hacia la intimidad que hayan podido crear, utilizando palabras tan denigrantes y gestos tan obscenos, que me ofende profundamente sólo oírlos. Enseguida viene a mi mente la idea de que “manadas hay muchas” y cómo la ausencia de educación sexual y la sensación de impunidad que favorece esta cultura de la violación están alimentándolas. Mi mirada les sigue mientras se alejan por la orilla, y su apariencia es normal e inofensiva. No me sorprende en absoluto: hijos sanos del patriarcado, potencialmente violadores aunque escueza.

 

De vuelta hago balance de todo lo vivido en mi viaje, de las ciudades, playas y entornos naturales visitados y me siento afortunada de poder disfrutar mis vacaciones, aprovechando cada momento y respirando la vida. El feminismo me ha acompañado, como siempre, haciendo posible que no pierda la perspectiva y que sea consciente del cristal a través del que miro. Las risas, los vinos, los paseos y los bailes, por supuesto, no han faltado; porque ¿qué sentido tiene la revolución si no podemos bailar?*

 

Por Pilar Adán (@adan_mujer)

*Título del libro de Jane Barry y Jelena Djordjevic, basado en una frase atribuida a Emma Goldman.

 

 

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