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MI, TU, SU. NUESTRAS REGLAS CIRCULARES

Feminismo / Menstruación

Soy mujer y, sí, tengo la regla. Y como yo, la mitad de la población. Porque somos mujeres y menstruamos. Cada mes. No es nada malo, nada de lo que avergonzarse, nada sucio. Es un signo de que todo va bien en nuestro cuerpo. Pero oye, parece que tener la regla no es fácil.

Llevo tiempo dándole vueltas a eso de que “si los hombres fuesen los que tuvieran la regla no sería un tabú”. Estaría normalizado y se vería como lo que realmente es, algo natural. Pero no es así. Una vez al mes, las mujeres sangran.

 

Te va a venir la regla, ¿no?

Seguro que estamos más que acostumbradas a escuchar este y otros tipos de comentarios y que tenemos miles de respuestas originales con las que contestar de la mejor (o peor) manera. Puede que sí, que los hombres tengas un sexto sentido que les haga notar cuando a una mujer nos va a venir la regla, quien sabe. ¿Y qué hay de malo en menstruar? Nos han enseñado que es algo que debemos preservar en nuestra esfera íntima y privada, que no es algo de lo que podamos ir hablando en el trabajo, en el super o en la terraza de un bar (sobre todo si hay hombres hipersensibles al tema cerca). Las mujeres hemos sufrido mucho a lo largo de los años, hablo de los dolores menstruales y de los que no lo son. Hemos tenido que sufrir en silencio el malestar que nos produce menstruar e incluso hemos tenido que callarnos al hablar de ella.

Recuerdo que cuando era una adolescente y tuve las primeras reglas mi madre y mi abuela solían repetir frases como “déjala, que está mala” o “no hagas esto que estás con la regla”. No lo comprendía, por lo que siempre replicaba diciendo que no estaba enferma, que me dolía la tripa o la cabeza o que no tenía fuerzas o el ánimo suficiente. Odiaba que me viniera porque significaba que llegaban a mi vida los dolores, la inestabilidad emocional, comentarios del resto de la gente…Que me viniera la regla significaba preocupación, preocupación de que no se notara. Ahora, afortunadamente, algo ha cambiado. Han tenido que pasar unos cuantos años (y muchos periodos) para asumir y entender lo que nos pasa a las mujeres todos los meses. Cuando a las niñas nos viene por primera vez, en la gran mayoría de las ocasiones no sabemos casi nada de ella, no sabemos nada de nuestro cuerpo, pero “ya somos mujeres”. En el tiempo en el que el feminismo se oye cada vez más y más fuerte, nuestro periodo también. No, no estamos locas ni nos volvemos insoportables. Somos mujeres y tenemos hormonas.

Cada mes, un nuevo ciclo comienza. Se producen en nuestro cuerpo una sucesión de cambios hormonales. Podemos diferenciar dos fases: una primera en la que la cantidad de estrógenos aumenta y, una segunda, en la que lo hace la progesterona. Con la primera de ellas, que comienza el día en que nos baja la regla, es normal que nos levantemos llenas de energía pero que a media mañana estemos irritables y no nos aguantemos ni a nosotras mismas, por ejemplo; se produce lo que podemos llamar una montaña de emociones. Recuerda que nuestras hormonas están cambiando. Por otro lado, en la segunda fase es común que sintamos angustia o nos sintamos más débiles, si eres una mujer que hace deporte o entrena puedes observar tus cambios hormonales en tus entrenamientos, verás que en los días previos al comienzo de un nuevo ciclo no entrenas con la misma energía, te costará más porque perdemos fuerza y resistencia. Es lo que se conoce como síndrome pre menstrual. En la fase central del ciclo u ovulatoria, se concentran los días de mayor fertilidad y es habitual que nos sintamos realmente bien, pues es cuando tenemos una mayor tolerancia al dolor y aumenta nuestra capacidad de fuerza. Después de la ovulación, disminuyen los estrógenos y es cuando aparece la progesterona y, con ella, nuestra sensibilidad. Es normal que nos sintamos un poco depresivas y todo nos afecte en mayor medida. Algunas de nosotras incluso notamos ciertos antojos. En la fase de sangrado es muy común que sintamos dolor y cansancio debido a que los niveles de progesterona y estrógenos están al mínimo. Todo ello lo hacen nuestras hormonas. Te pasa a ti, a mí y a todas.

¿Pero para tanto es? Endometriosis.

Sonia tiene 29 años y siempre se ha quejado de los dolores menstruales. Desde hace algún tiempo esos dolores han aumentado, en intensidad y variantes. Son las 2 de la madrugada de un viernes por la noche. No logra dormir. Ese viernes, por fin, le ha venido la regla, pero su malestar no cesa. Se levanta corriendo al baño porque no soporta las náuseas. Sudores, escalofríos y mareos le acompañan. Espera a mejorar un poco y decide acudir a urgencias. El diagnóstico es un ovario con un quiste que se ha roto. Tiene una hemorragia. Y “…esto es así. Te va a doler. Prueba con los anticonceptivos. Muchas mujeres mejoran al tener un hijo, puedes intentar quedarte embarazada. Por el momento toma enantyum cada 8 horas y si empeoras vuelve.” Y vuelve. Lleva visitando esas urgencias cada mes.

No. No tiene que doler. La regla no es esto. Las mujeres afectadas por dismenorrea y endometriosis necesitan una cura mas allá de un anticonceptivo hormonal que altera tu cuerpo o que te impongan ser madre para calmar unos dolores. No puede ser así.

Se han empeñado en hacernos creer que la regla duele. Que tenemos que sufrir en silencio calambres en el vientre, hemorragias, mareos, náuseas, vómitos y un largo etcétera que seguro que cada lectora es capaz de completar. Que debemos, como buena mujer, no dejar de hacer nuestras actividades rutinarias cuando quizás solo nos alivia un coctel de analgésicos y descansar en la cama. Pero no, no queremos admitir que ser mujer lleve esto intrínseco. Si duele de manera anormal es signo de alarma y debemos acudir a los servicios sanitarios; sanidad la nuestra poco comprometida con nuestra salud, gobierno el nuestro al que poco le importa una enfermedad que solo padecen las mujeres. Hablo de la endometriosis y de sus casi 7 años que tarda de media una mujer en ser diagnosticada de ello. Hablo de la enfermedad invisible que 1 de cada 10 mujeres padecen. Pero ya no nos callamos.

Juegos Olímpicos de Rio. Competición de natación 4×100. Al terminar la carrera, la deportista Fu Yuanhui, que consigue la cuarta posición, hace unas declaraciones que no pasan desapercibidas. Y benditas declaraciones. Quizás Yuanhui no era consciente en ese momento de que estaba mostrándole al mundo que su cuerpo cambia todos los meses. Que es humana. Sus declaraciones revolucionaron las redes sociales. Se trata de una mujer joven, procedente de un país donde ni siquiera se usan tampones, rompiendo el tabú de la menstruación en los Juegos Olímpicos. Brava. “Creo que no he nadado suficientemente bien hoy. He perjudicado a mis compañeras. Me dolía la barriga porque ayer me vino la regla. Me sentía un poco débil y cansada hoy, aunque esto no es una excusa”. Y todas supimos como se sentía Yuanhui que se encargó de confirmar que las deportistas también tienen la regla.

¿Días libres por tener la regla?

El dolor de la regla no solo es dolor físico, va mucho más allá. Cuando menstruamos nuestro rendimiento disminuye en facetas como la atención. Esta es la explicación de que haya momentos en los que nos cueste más estudiar o sacar adelante ese tema de trabajo.

Entramos en una cuestión bastante debatida. Las mujeres en Japón cuentan desde 1947 con el derecho a poder faltar al trabajo en los días de regla, una baja remunerada que se traduce como un “derecho fisiológico”. Por su parte, Taiwán reconoce este derecho desde el año 2013. Corea del Sur también cuenta con un derecho similar. En Bristol, la marca Nike lo ha implantado como parte de su política interna. El debate está servido: posicionarse de aquel bando que sentencia que con tal derecho se está haciendo una discriminación a la mujer que lejos de beneficiarla, la perjudicará a la hora de buscar trabajo y conseguir ascensos; o, situarse en el lado de quienes defienden un derecho laboral más, el poder elegir una situación de baja por aquellos días en los que no te sientes capacitada para llevar a cabo tu trabajo de una forma habitual. Imaginemos a un hombre que sufre dolores crónicos unos días al mes, seguramente no nos resultaría raro que esta persona pudiera acogerse a una baja.

Pero cuando hablamos de la mujer inevitablemente aparece el capitalismo y más cuando se trata de vendernos productos que necesitamos. La industria hace muy bien su trabajo y sabe a quién b

Feminismo / Menstruación

eneficiar y a costa de quien. Se asigna a los productos de higiene que necesitamos el mismo IVA que tiene el caviar (10%), mención especial a Canarias, donde desde el pasado año estos artículos están exentos. La famosa “tasa rosa” porque saben que no tenemos alternativa. Corrijo: teníamos. Ahora, gracias a la copa menstrual podemos dejar de lado los productos tradicionales. Sin embargo, es difícil que esta alternativa llegue a todas las mujeres porque a la industria no le interesa. Económica y respetuosa con el medio ambiente es algo que difícilmente puede encajar.

La industria lleva años haciéndonos creer que si usamos x marca de tampones estaremos listas para poder ir a esa fiesta o bañarnos en la piscina sin que nadie lo note, no quieren que se nos note (recuerda que es algo de lo que es mejor no hablar). Intentan normalizar la regla de una forma inútil, ninguna de nosotras hemos manchado de líquido azul nuestra ropa interior, al menos hasta la fecha. En los anuncios de compresas no existen mujeres que se quedan en casa, refugiadas con la manta eléctrica para calmar su dolor. La regla altera tu rutina y es absurdo vender que no. No finjas.

La mujer perfecta que no mancha, no tiene dolores, ni cambios hormonales: no existe.

Por Ana Moreno (@anizmoreno_ )

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