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Patriarcado y capital van al gimnasio.

“¡Chicas, ¿nos apuntamos al gym?!” ¿Os suena? Seguro que sí. Con esta pregunta, de la cual suele ser artífice una amiga, una hermana o una compañera de trabajo es como muchas de nosotras nos vemos, de repente, motivadas para darle un giro a nuestra rutina y apuntarnos al gimnasio. Estamos dispuestas a conseguir el cuerpazo del verano, lo que viene siendo tener un culo y piernas perfectas y un abdomen con 0% grasa, que la tripita, en verano y en nosotras, pues oye, no es sexy. Y como no podía ser de otra manera, nos sobran referentes a los que parecernos. Pero, ¿nos sobran a nosotras? Quiero decir, ¿somos nosotras las que elegimos el cuerpo que queremos tener o nos guiamos de manera (in)consciente por los ideales de belleza que la sociedad se ha empeñado en inculcarnos?

Sí, acaban de aparecer los cánones de belleza. Esa modelo de la portada de cualquier revista, o la que vemos anunciando bikinis en la marquesina del bus y piensas: ojalá estar como ella (de delgada). Y así, con esta idea en la cabeza, nos vamos a nuestro recién estrenado gimnasio y le pedimos al técnicx de la sala que nos prepare una tabla de ejercicios. Que cuáles son nuestros objetivos, nos pregunta.  “Cuando una mujer viene al gimnasio y te pide una tabla, normalmente ya viene con sus objetivos claros, ya te dice que lo que quiere es tonificar” nos comenta Bergman Urquidi, entrenador personal. “Mientras la mayoría de los hombres lo que busca es un ensanchamiento de músculos y principalmente del tren superior, las mujeres piden tonificación (músculos más delgados y duros) además de pérdida de peso en forma de grasa, dejando muy poco trabajo para la parte alta del cuerpo, a veces inexistente. Hablamos siempre de la mayoría, puesto que un deporte como la halterofilia tiene a una doble medallista olímpica, Lidia Valentín” nos cuenta Julián Sánchez Vicente, preparador físico. Nos queda claro entonces que las mujeres no quieren un cuerpo musculado, así que ¡fuera ejercicios de fuerza!

Definitivamente, acabamos de toparnos con los roles de género instaurados también en un centro deportivo. Sí, sí; aquí también. Nosotras ya estamos diciendo que no queremos hacer los mismos ejercicios que hacen los hombres que levantan vete tú a saber cuánto peso porque claro, no es necesario que tú, mujer, combines entrenamientos de cardio y fuerza, porque a ver, ¿para qué quieres estar fuerte si eso no es femenino? Tu preocúpate de conseguir una imagen lo más parecida a la influencer de turno, que es lo que el patriarcado se ha molestado en hacer patente qué es lo que se espera de ti. ¿Os acordáis del anuncio de la chica en bikini de la marquesina? Seguro que ese cuerpo no lo ha conseguido levantando pesas en el gimnasio, porque claro, las pesas, si no son rosas y de mucho peso, son para hombres.

Y aquí es donde el capitalismo vio que había que hacer algo. El capitalismo debió pensar algo así como “vaya, ahora que a las mujeres les está dando por cuidar su figura y están empezando a ir al gimnasio deberíamos lucrarnos un poquito más a su costa”. Y yo creo que así es como inventaron las pesitas rosas. Pero los colores no influyen en el entrenamiento, el peso sí; y el músculo va a resaltar tus curvas y hacerte más femenina. “Es más difícil de lo que se piensan (las mujeres) ensanchar músculo, además; no disponen de la hormona masculina que lo hace, la alimentación es fundamental, el tipo de peso que se coge, es más, sería relativamente más fácil con esas pesas que tanto miedo les da a las mujeres, tonificar y endurecer el músculo antes que ensancharlo” añade Julián.

Pero eh, ahí no se quedó el capitalismo, ya le conocemos todxs, ¿verdad? Porque esa botella tan neutra y normal que tiene el chico que está corriendo en la cinta de al lado es más barata que la tuya, que hasta brilla en la oscuridad. Debió ver que esto de la ropa y accesorios no era suficiente (una mujer gasta una media de 1.200 euros más anuales que un hombre por los mismos artículos, según Forbes) y decidió ir más lejos.

Gimnasios para mujeres. ¿Tenemos que dar las gracias?
Y llegaron los gimnasios exclusivos para mujeres. En España contamos desde hace más de 10 años con gimnasios exclusivamente para mujeres, en ellos no te encontrarás a ningún hombre. Son varias las empresas que han visto en nosotras un filón: “hay negocio” deben pensar al vernos con una bolsa de deporte.  Y lo hay, hay negocio porque sino sería imposible que una sola filial cuente con más de 100 centros solo en España. ¿Son necesarios? ¿No podemos entrenar las mujeres en un espacio mixto? ¿Causamos algún tipo de problema?

Los argumentos a favor de este tipo de gimnasios son, como es obvio, todos en pro de la mujer, nuestra comodidad y rendimiento. Se dice que las mujeres en ocasiones nos sentimos intimidadas por los hombres en un gimnasio mixto, que nos miran de arriba a abajo e incluso intentan entablar conversación con nosotras. Algo que, creo, no dista mucho de lo que puede ocurrir fuera de estos centros.  Es lo que se conoce como “gymtimidation”. En un centro fitness nos exponemos a miradas lascivas mientras hacemos ejercicio, mientras vamos en chándal o sin maquillar y eso puede alimentar nuestras inseguridades; recordad: perfectamente perfectas 24 horas durante 7 días. Pero no solo es por eso, dicen. Estos gimnasios disponen de ejercicios personalizados (parece ser que un entrenador personal no es capaz de personalizarte el entrenamiento en un gimnasio mixto), dedicados a los objetivos que, como decíamos al principio, demanda la mayoría de las mujeres. Son ejercicios destinados a tonificar ciertas partes del cuerpo, como los muslos o la parte inferior de los brazos; todo ello sin llegar a muscularse porque ya sabemos que la sociedad dice que una mujer musculada, sana y fuerte no-es-sexy.

En el mundo del fitness se empieza a hablar de la corner`s women (la esquina de la mujer) una pequeña zona en la sala de musculación de un gimnasio donde se concentran las pocas máquinas que una mujer suele utilizar: las de pierna y glúteo”. “Pensemos en la clase de GAP, una clase colectiva que se centra solo en glúteos, abdomen y pierna. Esa clase está destinada a la mujer porque es lo que demandan principalmente” comenta Bergman. Nos dice entonces que, en una zona de musculación se nos relega a una pequeña zona mientras que tenemos una clase diseñada exclusivamente para nosotras. Vaya. Pensad en una clase colectiva, de lo que queráis, ya sea zumba, pilates o body combat. ¿Se os viene a la menta una clase llena de mujeres? Julián nos dice que muchas mujeres “solo con clases colectivas dan su entrenamiento por finalizado, y tanta variedad hay que…no están del todo equivocadas. Las clases colectivas son unas de las culpables de que el género femenino haya igualado al masculino en estos centros”. Ahora salid de clase y dirigíos a la zona de fitness, la mayoría hombres. ¿Por qué? Pues muy sencillo: es un ejemplo práctico de los roles de género, los hombres, a ganar fuerza; las mujeres, a bailar mientras tonifican.
Parece ser que hay alguien molesto con que acudamos a un gimnasio mixto, que a eso sitios no se va a desconcentrar a los hombres, por favor. Existe un problema y la culpa debe ser nuestra, que vamos provocando y por eso se nos quita de en medio para darnos un lugar mejor en forma de, por ejemplo, un gimnasio con las paredes pintadas de color malva (que todxs sabemos es de mujer). Si uno de los argumentos es la intimidación de los hombres, ¿por qué no hacerles responsables del problema y la solución? Pregunto.

Machismo administrativo.
No nos quedemos aquí, todavía hay un poquito más. Lo he llamado machismo administrativo porque lo que os voy a contar ahora tiene su origen en la Comunidad de Madrid. En el pasado año 2016, el gobierno de Cristina Cifuentes lanzaba una campaña contra el sedentarismo por la que se ofrecía un mes de gimnasio gratis a las mujeres de entre 20 y 30 años, eso sí, a cambio de ceder sus derechos de imagen de por vida. ¿Tentador? No sé si tentador o no, lo que sí sé es que Consejero de Educación, Juventud y Deporte no ha podido ofrecer ningún argumento con sentido en el que el gobierno del Partido Popular se haya basado para limitar la oferta a las mujeres de entre 20 y 30 años a cambio de que las empresas puedan utilizar su imagen de manera ilimitada en el tiempo sin ningún tipo de contraprestación.

Ya sabéis chicas, no sudéis, no ganéis músculo, no os pongáis fuertes, y si os da vergüenza o tenéis algún problema con algún hombre que se sobrepase con vosotras en el gimnasio, ya sabéis que podéis dejar de ir a uno mixto. El que no va a dejar de acudir, va a ser él. Las leyes del fitness también las firma el patriarcado.

“La mujer que no necesita validación externa es la persona más temida del planeta”          Mohadesa Najumi

Por Ana L. Moreno @anizmoreno_

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