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Flora Tristán: luchadora por la igualdad y los trabajadores

¿Marcada por la vida? En la historia nos encontramos con personajes capaces de cuestionar todo aquello que los ató a una existencia supeditada a los demás. La crónica de Flora Tristán nos descubre a una pionera que influyó tanto en la emancipación de la mujer como en el movimiento de la lucha obrera.  Autodidacta, escritora, socialista y feminista, detalló cómo las mujeres llegaban a ser confinadas, utilizadas, excluidas, maltratadas, desarraigadas, desterradas de sus propias vidas. Mostró rebeldía a aceptar su condición de mujer sometida y supeditada a los caprichos de leyes hechas por los hombres sin tener en cuenta a las mujeres.

Parte de su historia.

Los padres de Flora contrajeron matrimonio en Bilbao. Se instalaron en París donde nació ella en 1803. La unión no se contempló legalmente porque era la Francia Napoleónica. El Código Civil de la Revolución fue reemplazado y volvió a recuperar fuerza el derecho de propiedad de los varones y la autoridad paterna sobre la mujer y los hijos.

Flora, en sus primeros cinco años, gozó de las bonanzas de la posición de la clase privilegiada al ser su padre aristócrata, amigo de Simón Bolívar, y coronel peruano de la armada española y francesa. Él falleció sin haber formalizado el matrimonio en Francia y convirtió a Flora en hija bastarda. El estado francés les negó la herencia al no reconocer a la madre como viuda ni a los hijos como legítimos.

Dos años más tarde, la madre se ve obligada irse a vivir con Flora a un barrio marginal de París. Subsistieron en condiciones precarias. Flora empezó a trabajar a los 12 años y a los 16 empezó en una tienda de litografía. A los 17, accedió a un matrimonio impuesto con el propietario del mismo taller. En los primeros cuatro años de matrimonio tuvieron tres hijos. En todo ese tiempo, Flora fue brutalmente maltratada psicológica y físicamente y decidió huir embarazada del tercero, única hija. Consiguió entrar a trabajar como criada, ama de llaves, en una familia inglesa con la que viajó a varios países y la obligó a instalarse en Inglaterra.

Ella pidió la custodia de sus hijos y el divorcio, pero no se le concedió. Escribió: «Sí, en todas partes donde la cesación del consentimiento mutuo y necesario a la formación del vínculo matrimonial no es suficiente para romperlo, la mujer está en servidumbre.» El padre de sus hijos no la dejó de intimidar, hasta que un día cumplió las amenazas y le disparó en el pecho, en plena calle. Consiguió sobrevivir y ese hecho lo utilizó como atenuante para que al final le concedieran el divorcio.

Viajó a Perú para reclamar la herencia y contactó con el hermano de su padre. Después de mucho lidiar, el tío decidió darle una pequeña pensión mensual, pero se negó a reconocerla heredera. Eso la ayudó a sobrevivir.

Luchó por aprender, viéndose desamparada y abandonada por todo el sistema. Decidió escribir varios folletos y libros en los que reclamó derechos para la sociedad peor valorada y tratada. A pesar de empezar su viaje en el socialismo utópico, lo llegó a cuestionar y criticar por la posición en la que se relegaba a la mujer y por excluir a colectivos de derechos a poder llevar una vida digna. Destacó la necesidad del reconocimiento de la mujer como ser igual al hombre. Llevó las voces de los obreros hasta el parlamento y las clases dominantes.

Entre su legado, nos dejó una obra imprescindible sobre la unión de los trabajadores.

 

Flora, a la hora de desarrollar sus teorías de lucha por una sociedad más justa e igualitaria, realizó un enorme trabajo de calle. En aquellos países por los que había estado, observó y analizó las situaciones y la precariedad en la que se sumía una gran parte de la población. Llegó a la conclusión de que la revolución industrial trajo consigo un nuevo modelo de esclavitud feroz e inhumano. A la vez, condenaba a muchos trabajadores a hallarse sin opciones.

 

En 1843 se publicó su creación “Unión Obrera”. En ella se aleja de la utopía y se convierte en precursora del sindicalismo de clase y el movimiento obrero.

Explicó la necesidad de muchos cambios para proteger y mantener a los trabajadores y trabajadoras en buenas condiciones físicas y mentales. Era fundamental la educación de hijos e hijas de familias proletarias para lograr mejorar sus vidas. Defendió que la educación que quedara en manos públicas, sino que se realizara desde la propia Unión Obrera, por no aceptar cualquier tipo de enseñanza. Dejó claras instrucciones de cómo realizar formación militante dentro de los núcleos de los trabajadores. Contempló la posibilidad de corrupción. Si se veía indicios de utilización de fondos en provecho particular, el colaborador tendría que rendir cuentas y sería destituido de forma inmediata.

Advirtió con claridad que lo que más debilitaba a la lucha obrera era la división que se generaba entre los trabajadores. Para dar más fuerza a sus ideas y proyecto, utilizó el eslogan “La unión hace la fuerza”. Reclamó “Construir la Clase Obrera”. En todo momento intentó aliar a la clase trabajadora y pidió que fuera a nivel internacional.

El propio Karl Marx reconoció que Flora fue la primera persona que habló de la lucha conjunta de los proletarios del mundo.

Dedicó un capítulo al reconocimiento de la emancipación de la mujer.

En este apartado, plasmó la realidad material de la vida de la mujer y la necesidad de que fuera tratada como igual en la lucha obrera. Eso provocó que se ganara muchos enemigos en las propias filas proletarias. En los análisis incorporó la unión entre feminismo y socialismo. Dejó ideas brillantes y rotundas como: “Tratad de comprender bien esto: la ley que esclaviza a la mujer y la priva de instrucción, os oprime también a vosotros, hombres proletarios. Mientras las mujeres permanezcan en un estado tal de embrutecimiento, serán presa del conservadurismo». Constató que si no se educa a las mujeres es porque económicamente resultaba rentable a la sociedad: “En lugar de enviarla a la escuela, se la guardará en casa con preferencias sobre sus hermanos, porque se le saca mejor partido en las tareas de la casa.” “A los doce años se las coloca de aprendizas y allí continuará siendo explotada por la patrona y a menudo también maltratada como cuando estaba en casa de sus padres” “Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derecho naturales e imprescindibles de ser mujer”. Insistió en utilizar el masculino y femenino, ya que en muchas ocasiones consideró insuficiente el masculino como universal.

Más tarde, fueron Karl Marx y Friedrich Engels los que establecieron las bases de pensamiento socialista “sobre la cuestión de la mujer.” Consideraron que la lucha de la mujer debía subordinarse, a lo sumo, ir unida a la lucha de clases. Afirmaron que no había diferencia alguna de objetivos.

Flora, antes que Marx y Engels, insistió en que la liberación de la mujer debía ir unida a la del proletario. Siempre reiteró en la importancia de despertar la conciencia de los trabajadores para que comprendieran: “El hombre más oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. La mujer es la proletaria del proletario.”  

Casi dos siglos después todo el panorama político y social ha cambiado en buena parte del planeta. La conciencia colectiva ¿ha logrado evitar que la mujer ya no sea utilizada por la sociedad y su pareja? ¿La mujer ya no es maltratada, excluida de su propia vida? ¿Ya tiene los mismos derechos, oportunidades y está totalmente emancipada? ¿Los proletarios ya se han conseguido unir para mejorar sus derechos y trabajos en todo el mundo?

 

Por @dalila_sin 

 

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