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¿Qué lleva a una joven de Madrid a irse a vivir al desierto?

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Si las mujeres bajaran los brazos el cielo se caería.

Un cartel con esta frase, en español, preside una de las paredes de una pequeña escuela. Si miras por la puerta, al fondo, las dunas del desierto del Sahara. ¿Quién podría pensar que algo como el trabajo fundamental de las mujeres estuviera presente en una escuela de Hassilabied, en Marruecos? Me recordó a la huelga del 8M de hace dos años, cuando nos animábamos a unirnos las unas a las otras con un “si nosotras paramos, se para el mundo”.

Allí me encontré con tres madrileñas que habían decidido no bajar los brazos, y hacerlo a las puertas del Sahara. Hoy, hablo con Alba, una de las chicas que dejó su vida en Madrid para llevar un proyecto basado en la solidaridad.

 

¿Qué es Adjar, con qué objetivos nace?

Asociación Adjar nace de tres madrileñas que bajaron juntas de vacaciones en verano de 2017, al pueblo de Hassilabied, ubicado a las puertas del desierto. En ese viaje se nos propuso hacer algo el siguiente año, ya que hacía mucho tiempo que no se hacía nada con los niños y niñas del pueblo.

Lo que empezó con la idea de ayudar, se sumó la misión de acercar y enterrar prejuicios de una cultura que tenemos al lado y de la cual pocas personas saben. Adjar significa vecino en Tamazigh (bereber), la zona en la que trabajamos, casi en su totalidad, su población es Amazigh (bereber), cultura a la que ayudamos y de la que aprendemos.

 

¿Fue fácil para 3 mujeres jóvenes tomar la decisión? ¿Hubo obstáculos en el camino?

Tomar la decisión fue fácil, se nos prestó ayuda en un primer momento desde allí y eso también ayudaba a dar el paso, pero nos quedaba un largo camino de temas administrativos de los que no teníamos experiencia.

Tuvimos bastante apoyo de gente joven que conocíamos, pero yo a veces tenía la sensación de que la gente pensaba que quizás no llegaríamos a hacerlo.

Por otro lado, comentarios he recibido de todo tipo (incluso en mi familia) y a día de hoy después de estar viviendo allí por temporadas, el desconocimiento de la cultura y lo que muchos medios transmiten de los países árabes no ayuda, siendo este uno de los objetivos de la asociación. Es por ello que a través de nuestras redes intentamos acercar un poco la cultura para aquellos que no han podido ir a esa zona.

También tuvimos algunos obstáculos al llegar, la ayuda que se nos había prestado en un primer momento no era la esperada y el no haber podido estar allí los meses antes del proyecto se notó. Al principio no fue fácil.

 

A pesar de todo, pusisteis rumbo al desierto. Una vez allí, echando la vista atrás, ¿qué aspectos te llamaron la atención o que anécdotas del comienzo recuerdas con cariño?

Al llegar nos encontramos con que habíamos organizado un proyecto del cual no se había informado a la directora de la asociación en la que íbamos a trabajar. Esto supuso ciertos problemas a la hora de organizarnos justo antes de empezar y apenas nos dio tiempo a tener todo listo cuando llegó nuestro primer voluntario.

Una vez empezamos a hablar con ella, explicándole todo lo que íbamos a hacer y sobre todo a darle valor al puesto que ella tiene en esa asociación, comenzamos a recibir toda su ayuda y empezamos a colaborar.

A pesar de toda esta historia recuerdo con mucho cariño a los primeros niños y niñas que entraron en la asociación a curiosear qué se estaba haciendo en clase, también el ver que al día siguiente nos esperaban sentados en la puerta los mismos niñxs acompañados de nuevos que querían también participar. Compartir esto con las primeras personas voluntarias fue muy especial, aprendíamos de ellas a diario, siendo gente que había confiado en Adjar siendo una asociación tan pequeña y casi desconocida.

 

Cuéntanos un poco, cómo es la vida de una mujer española en un pueblo de Marruecos, como Hassi. ¿Dista mucho de la vida que podría llevar en Marrakech, por ejemplo?

La vida en Hassilabied es muy tranquila, creo que podría ser casi igual en cualquier pueblo pequeño en España. La diferencia es que allí te quitas ciertos lujos que tenemos aquí en nuestro día a día como puede ser una lavadora, se nota más en el ritmo de vida que llevan al cual a veces cuesta adaptarse; en la cultura, su forma de vida que es totalmente distinta a la nuestra.

Respecto a sus tradiciones, su religión (en general su cultura), creo que tienes que ser consciente desde un primer momento, hay que tener respeto hacia cualquier cultura distinta a la nuestra. Ya sea en Hassilabied o en cualquier otra ciudad de Marruecos están acostumbrados al turismo ya que viven de ello. Pero hay que tener un respeto y no por pasar una temporada allí intentar imponer cosas de nuestra cultura.

Sobre la diferencia que podemos encontrar con una ciudad más grande como Marrakech, lógicamente es más seguro un pueblo pequeño que una ciudad, hay ciertas ciudades en las que no saldría sola por la noche, pero es una sensación de inseguridad que puedes encontrar aquí también.

 

¿Teníais claro que querías que Adjar trabajase también con mujeres de allí? ¿Como surgió el proyecto con ellas?

Al principio el proyecto se centró en la infancia, después de los pequeños problemas que tuvimos al principio, empezamos a tener una comunicación con Rakia (la directora de la asociación donde llevamos a cabo nuestro trabajo) y, cuando terminó el proyecto de verano, nos sentamos a hablar con ella tranquilamente. De ahí empezó la colaboración con ellas, que se ofrecieron a hacer los talleres de intercambio cultural (couscous, henna, pan…) y nosotras propusimos dar clases de español, esto por vergüenza o por cosas que no sabemos es algo que aún nos cuesta, ya que pocas asisten a clase.

Hay un gran problema en esta zona de Marruecos respecto a la educación, no se le da importancia a continuar con los estudios desde bien pequeños, los niños acabarán dedicándose al turismo y las niñas al trabajo en casa, o eso es lo que van viendo entre generaciones, aunque la familia quiera que los más pequeños estudien. Hay mucho trabajo que hacer en ese sentido con quienes están aún en la etapa de la infancia, sumándole que las personas que rondan los 40 la mayor parte de su vida ha sido de nómada y, por consiguiente, son analfabetos.

Por lo tanto, es difícil concienciarlas de la importancia que puede tener realizar estas clases, de aprender por ejemplo a sumar y restar ya que tienen una tienda solidaria y en más de una ocasión hemos tenido que ayudarlas con las cuentas cuando la directora no estaba con ellas. Tenemos que seguir trabajando con ellas y ayudarlas, se sienten empoderadas e independientes por trabajar en la asociación ya que no todas deciden trabajar fuera de casa, pero podemos hacer mucho más.

 

¿Cómo es un día allí para ti?

El día a día en Hassilabied es súper tranquilo. Cuando están los proyectos creas una rutina, tienes unos horarios y un programa de actividades que seguir.

Quizás lo bonito de Hassi es no tener rutina, no tener horarios. He podido disfrutar de esa sensación estando sola allí, porque como dicen nuestros amigos “allí tenéis el reloj, aquí tenemos el tiempo”.

He podido tener días estando sola pasando la mañana tomando té en casa de alguna familia y por la tarde ir a ver el atardecer. Un día tranquilo en el que piensas en la rutina que puedes tener aquí.

Pero el día a día con el equipo de voluntariado es totalmente distinto. Estás conviviendo con unas 10 personas durante 15 días mientras que están viviendo por primera vez la experiencia de estar allí.

Ya sean voluntarias, amistades o familiares quieres que conozcan todo lo de allí y lo disfruten.

 

¿Qué le dirías a las chicas que les da miedo viajar a países árabes?

Bueno, hablando concretamente de Marruecos creo que es seguro viajar sola, he conocido a bastantes chicas viajando solas y yo misma he bajado ya un par de veces sola. Creo que hay que tener precauciones como en cualquier otro país, no fiarte de cualquier persona desconocida y tener cuidado de noche. Pero eso no tiene nada que ver con que sea un país árabe, yo tampoco me siento segura cuando vuelvo sola de madrugada aquí en Madrid.


¿Como enfoca Adjar el futuro de los proyectos?

Adjar sigue buscando necesidades en la zona con distintas formas de colaboración queriendo crecer para poder cubrir ciertas necesidades. Hemos recorrido ya un largo camino desde que empezamos, pero tenemos que llegar a más gente.

Actualmente estamos trabajando dada la situación, en una colaboración a distancia en la que la gente que quiera ayudar desde aquí pueda hacerlo. No hace falta disponer de 15 días para viajar y vivir la experiencia del proyecto, eso se va a seguir haciendo, pero vamos a dar oportunidad de colaboración a quienes no pueden bajar acercándoles a la cultura y mostrándoles las necesidades.

Ya son muchos ojos los que han estado allí, por eso también nuestrxs antiguxs voluntarixs también son nuestra voz. No es lo mismo que hable yo sola de mi experiencia personal a que lo hagan más de 30 personas. Ellxs son muy importantes y nos ayudan a crecer, actualmente trabajamos en nuevas ideas y creo que estamos creciendo gracias a ellxs, muchxs querían colaborar una vez volvían a España y ahora somos como una familia.

 

Si pudieras volver atrás, ¿volverías a hacerlo?

Por supuesto, lo volvería a hacer. Estos años me han dado aprendizaje, me han enseñado todo lo que soy capaz de hacer y es algo que sigo aprendiendo. También me han hecho valorar otras cosas, antes gastaba en mil cosas innecesarias y el vivir allí también me ha hecho cambiar el chip en ese sentido. Y aunque en el camino lógicamente se pierden cosas, porque dejas parte de tu vida de aquí en stand by y cuando vuelves no están las cosas tal y como las dejaste. Creo que he ganado otras y he conocido a gente maravillosa.

 

Muchos son los comentarios nada positivos que recibe una mujer cuando decide emprender una aventura así. Aun hay muchos prejuicios afincados en las ideas de la gente. Hay quien piensa que el lugar de una mujer española no está allí, pero el lugar de cualquier mujer está donde ella quiere que esté, ayudando a la pequeña gran revolución de cada una de nosotras. Creando red, apoyando.

Recuerdo como venían las niñas con las caras de ilusión, a la vez que tímidas, por aprender español; y como no había barrera cultural ni de ningún tipo que impidiese que nos entendiéramos. Ojalá Adjar siga aportando a Hassilabied tanto como ese lugar y su gente aporta a quienes pasamos por allí.

 

Si queréis conocer más sobre la Asociación:

Asociación Adjar:

Instagram: https://instagram.com/asociacionadjar?igshid=ra26m64bynrm

Facebook: https://www.facebook.com/asociacionadjar/

Teaming: https://www.teaming.net/asociacionadjar-pBuEI8tkVM

 

Por Ana M (@anizmoreno_)

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