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NUEVA VETA EN LA MINA MACHISTA

A lo largo de la historia todos los ideales y pensamientos del ser humano han ido evolucionando, adaptándose a los nuevos tiempos. La tecnología, el aprendizaje y las tradiciones cambian en el tiempo para acomodarse a las expectativas de los grupos humanos que pueblan el globo en los distintos momentos históricos.

El machismo y el patriarcado también lo han hecho, pero sin perder la esencia de su existencia,  que es, invisibilizar a la mitad del conjunto de seres que pueblan la Tierra. La base fundamental de su mantenimiento a lo largo del tiempo ha sido precisamente buscar fórmulas alternativas que se adapten a los diferentes siglos y sus expectativas. 

En este siglo XXI en el que nos movemos, el patriarcado ha contemplado como las mujeres, organizadas y unidas, están destacando en la mayoría de los campos y además están ganando terreno al mar patriarcal. Somos como los pólderes holandeses solo que, en vez de plantar tulipanes, conseguimos derechos y libertades. 

Eso no es agradable para los les toca el trozo grande del pastel. Y pensando, pensando, han llegado a la conclusión que una veta a explotar es hacer como que no existimos. No es fácil hacer que más de tres mil millones de seres dejen de estar ahí. Ante esta ardua tarea, el machismo ha optado por introducirse en el mundo femenino y autoproclamarse “MUJER” cuando las circunstancias lo requieran.

Ser mujer hoy para muchos es una ilusión, algo intangible, etéreo y más cerebral que visceral. Más intencional que biológico, más insustancial que carnal. Una mañana, cualquier señor de este mundo se levanta, se pinta la raya del ojo, se planta una falda, unos tacones, se tiñe el pelo y ya es una mujer. Se lo va contando a todos sus colegas y pase lo que pase, es una mujer porque lo dice él. ¿Quién lo va a saber mejor? Es un hombre, lo sabe todo. 

Nosotras hemos dejado de ser mujeres, para ser personas con apellidos. Cis, Terfs, personas menstruantes, personas con vagina, seres aptos para el embarazo…y así un sinfín de invenciones varias que permiten encajonar la idea de que ser una mujer está más acorde con el género que con la biología. Porque sus razones se apoyan en nuestra esclavitud. Para ellos, el género es algo tangible, tocable y palpable. Para nosotras, una fuente inagotable de opresión, violencia, humillaciones y discriminación. 

Las posibilidades de estas corrientes que niegan el hecho biológico son infinitas. Tantas como pueda uno imaginar. Porque de lo que se trata es de la imposición del género. Si ya es duro ser educadas con unos sentimientos preestablecidos, con un desarrollo trazado de antemano, ahora tenemos que ver como esas imposiciones sociales que condicionan nuestra vida, son las armas de un nuevo machismo que se está imponiendo en legislaciones y normas.

Se acabaron los espacios seguros, los movimientos no mixtos y la sororidad femenina. Todo lo que nos une ha de ser destruido para el bien de unos seres que se autoidentifican y que usurpan el estrecho lugar donde el patriarcado nos permite vivir. 

Partidos políticos, movimientos sociales y agentes de todo tipo, están apoyando, con los ojos cerrados a la realidad, una explosión patriarcal que quiere hacer de las mujeres un maremagnum de identidades donde cabe todo el mundo. Que tengo pene, soy mujer. Que me sale barba, soy mujer. Que no gano en competiciones de hombres, pues me hago mujer y me llevo las medallas. Que no me gusta esta cárcel, pues me hago mujer y me voy con las chicas que son más limpitas. Que soy un puto violador pero no encuentro víctimas a mano, pues me incluyo en las listas de mujeres maltratadas por los hombres y me meto en una casa de acogida donde las tengo más a mano.

Esa realidad está ahí. Está pasando y se está expandiendo. Ya no solo se puede ser un cavernícola como los voxgolos que niegan la violencia machista. Ahora es mucho más “moderno” quedarme con esa violencia y negar una realidad que condiciona la vida de más del cincuenta por ciento de la población.

Ahora el machista no es solo el que maltrata o viola, consume prostitución o se compra un bebé explotando a una mujer (aquí sí que hace falta que sea biológica, para esto no les importa) pobre. También lo es el que se cree que con decirse a sí mismo que es una mujer, la sociedad entera le dará la razón. Y nosotras contemplamos atónitas como el frente con el que tenemos que luchar cada día es más grande. La veta está dando unos resultados mucho mayores de lo que pensaron. 

 

Por Belén Moreno  @belentejuelas

 

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