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Guía simplificada de machirulos universitarios

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La universidad, ese ambiente progre donde todo el mundo sabe mucho y tiene mucho interés por las cuestiones filosóficas y metafísicas de la vida. Donde hay personas brillantes que hacen maravillosamente su trabajo y que tienen avidez por aprender y enseñar. Donde la política se cuece en cada esquina y cientos de estudiantes van a clase cada mañana con la ilusión de poder dedicarse algún día a aquello que los llena y realiza como personas. O… espera, ¿estás segura de que eso es la universidad?

La universidad es una parte de la sociedad y, por lo tanto, un lugar más donde vemos reflejado nuestro sitio y donde probablemente los hechos nos hayan recordado más de una vez cuál es nuestro lugar como mujeres y por qué somos feministas. A lo largo de seis años de carrera y muchos cafés con compañeras puedo decir que hemos encontrado grandes especímenes ocultos entre las paredes de las facultades. Bueno, algunos ocultos y otros no tan ocultos. En este artículo me gustaría resumir, haciendo una pequeña lista, las anotaciones y conocimientos que he recopilado en mi cuaderno de campo a lo largo de todos estos años y para ello, enumeraré a los que para mí han sido los más destacados machistorros de la vida universitaria.  Desde profes pollaviejas que lo saben todo hasta naifs imberbes que aseguran que el feminismo ya no tiene sentido. Basado en hechos reales:

  • El profe que ni siquiera conoce a la científica de la que te está hablando. La frecuencia con la que lo encontramos puede variar según carrera. Este señor se enteró de la existencia de la mujer en cuestión hace un par de días leyendo un paper. Te la presenta en clase porque alguien se la ha puesto en el programa y para que la identifiques usa referencias que a él le sirven y que son bastante poco acertadas. Ejemplo: “Lynn Margulis, quizá os suene porque estuvo casada con Carl Sagan”.

No es que haya sido una de las científicas con más importantes aportaciones a la teoría de la evolución.

 

  • El profe asociado sobón. Por más que se empeñe la gente en negarlo, este personaje no es un ser mitológico: EXISTE. Y ES MUY INCÓMODO Y DA MUCHA, MUCHA VERGÜENZA. Te pide que te sientes a su lado para explicarte alguna cosa, te toca la pierna y te llama “cariño”, “pequeña” o alguna cosa así. Y si se lo cuentas a alguien muy probablemente te dirá: “bah chica, no seas exagerada que seguro que solo intenta ser majo”.

 

  • El rector/decano/tutor para el que no eres relevante. Muy frecuente. Suele dar la cara cuando tienes que preparar algún proyecto o trabajo importante y presentárselo. Es probable que hayas trabajado junto a algún compañero más, o que simplemente te acompañe por la razón que sea. Os plantáis los dos en su despacho y tú explicas con detalle el trabajo realizado, esperando que el señoro en cuestión haga preguntas sobre cosas que no han quedado claras o te dé indicaciones para mejorarlo. Pero no, no te preguntará. Le preguntará a tu compañero, que es el que sabe, aunque no haya abierto la boca. Le dirá qué cosas puede corregir y probablemente le pida su correo electrónico para estar en contacto y poder agilizar las pequeñas dudas. Y tú te quedarás ahí, como un pasmarote, preguntándote si no has sonado lo suficientemente segura o si has mirado demasiado a tu compañero buscando su aprobación. No has hecho nada mal, estoy segura, el problema es que tienes delante a un señoro que ni siquiera se da cuenta de lo que hace. Y se queda tan ancho.

 

  • La profesora que te dice que así no. La tuve. Pasa muchas horas caminando por los pasillos acechando a sus presas. No te dejará mascar chicle, ni ir en chándal. Te echará la bronca por estar mal sentada (en poses “poco femeninas” habitualmente). Podría entenderse si alguna vez le dijera algo a algún chico de los que, oh sí, sorpresa, van en chándal a clase.

 

  • El colega que le cae mal a la profesora porque es una feminazi de esas que odian a todos los hombres. Sí, hay alumnos que se piensan que le caen mal a todos los profesores. Pero este es un tipo muy especial. A veces, una profesora dice algo como que los estudios médicos tradicionalmente se han enfocado más en los problemas de los hombres, o que jurídicamente se podría haber acusado a la manada de violación. A partir de este momento, al sujeto en cuestión se le cruza el cable. Si saca una mala nota en su asignatura o se encuentra con ella por el pasillo y no lo saluda es porque lo odia por ser un hombre. Él la mirará mal en todas las clases y no dejará de decirte que ella es una impresentable.

 

  • El paternalista y el mansplainer profesional. Este puede ser cualquiera. Está por todas partes: un profe, un secretario, un alumno de los mayores… Pero siempre duele más cuando es tu compañero. A veces vas con él a estudiar a la biblioteca o a veces tenéis que preparar un trabajo en el mismo grupo. Si tienes alguna duda, te deleitará con una hora de explicación desde lo más básico (se ha debido de olvidar de que vais a clase juntos). Si tienes alguna propuesta, no sé cómo lo hará, pero al final parecerá que la idea ha sido de él. Si no está de acuerdo contigo, su tono conciliador te hará entender que estás equivocada y te convencerá de lo que sea desde su sapiencia universal.

 

  • El bromista de los chistes fáciles. Suele ser un profesor, aunque no es exclusivo de estos. Sus chistes sobre lo cotillas que son las mujeres o sobre la distracción que causamos sobre los hombres ya no hacen tanta gracia como antes. Pero mucho ojo, a veces se reinventan y son más sutiles, se camuflan. A mí sus chistes no me hacen ninguna gracia y me parecen de bastante mal gusto, fundamentalmente porque con este señoro no tengo ninguna confianza ni lo conozco de nada más allá de sus clases. El problema de esto es que, si se te ocurre decir algo al respecto, probablemente la reacción sea la misma que la gente suele tener con el asociado sobón.

 

Es una lista breve a la que, seguro, podríamos añadir unos cuantos especímenes más, ya que la biodiversidad del ambiente universitario es muy amplia. Al final, para sobrevivir a esto, lo más importante es un poco de paciencia y buenas compañeras con las que compartir la carga, que las hay. No callarnos y seguir adelante en nuestra lucha feminista.

Y tú, ¿has localizado más especies que debamos tener en cuenta para sobrevivir?

 

Por Yurippe @femi_friki 

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