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¿Qué es un PollaGris?

Un pollagrís es obviamente un machista, pero uno que expresa su misoginia de forma muy diferente al cuñado con faltas de ortografía de forocoches o al comumacho que se abriga con un palestino made in Indonesia mientras culpa al feminismo de disgregar a la izquierda.

El pollagrís es el machista con aspiraciones intelectuales que se declara feminista, entendiendo como feminismo las columnas de Javier Marías con las que una se pregunta si alguien ha mojado a este señor o le ha dado de comer después de las doce.

Este espécimen machirulo, peligroso a pesar de su apariencia dialogante, te convertirá en una ciudadana de segunda en menos que canta un gallo apelando a la moderación en las reivindicaciones por tus derechos y degradando tus argumentos con el comodín del histerismo femenino.

Según el pollagrís, ya hay igualdad y él es un aliado del movimiento porque hace la cama y no le grita a su pareja, veinte años más joven que él y a la que engaña siempre que puede. Para negar cualquier otro atisbo de la sociedad patriarcal y los roles de género, el pollagrís utiliza argumentos de neutralización posmachista como: a los hombres también nos machacan con cánones de belleza o [léase con voz quebrada] a mí también se me impone una masculinidad que me prohíbe llorar. Lo que no dice es lo mucho que le beneficia en otros sentidos. Para el pollagrís, el género es biología pura, neurosexismo de mujeres que nacen femeninas y maternales para cuidar de los hombres brillantes como él y de las necesidades propias de tal genialidad.

En esa línea aristotélica, nosotras, (hombres incompletos para el pollagrisismo) no osaremos tener inquietud propia alguna, y mucho menos creadora. En caso de cometer tamaño sacrilegio, será su misión hacernos entender que nunca tocaremos lo sublime ni seremos verdaderas estetas, que la excelencia no nos corresponde y en el mejor de los casos cubriremos una cuota de género para que las feministas talibanas no se enfaden.

Ávido lector de prosa cipotuda, el pollagrís no habla, el pollagrís ilumina con su sapiencia y puede estar horas y horas iluminando. De hecho, lo más peligroso del pollagrís no es su machismo, sino que te explote la cabeza escuchando sus disertaciones onanistas sobre Umbral. O peor aún, sobre sí mismo.

Su actividad favorita será explicarte todo lo relacionado con la alta cultura de la que se ha nombrado juez y abanderado. Da igual si eres doctora en audiovisuales o crítica de cine, el pollagrís te va a explicar a Woody Allen mientras defiende a muerte su amor con Soon-Yi y el Síndrome de Alienación Parental que una Mia Farrow despechada le ha creado a Dylan. Y es que, el pollagrís se siente el protagonista de las películas de la primera etapa de Allen, las del antihéroe en crisis existencial, vagando incomprendido por el paisaje urbano en busca de sí mismo.

Para el pollagrís, Manhattan es una película documental, las mujeres adultas somos seres neuróticos y sólo en el candor de la juventud puede encontrarse esa mujer pura, a la que modelar, que le había prometido el patriarcado. Si quieren contarle un chiste al pollagrís, háblenle de compañerismo en las relaciones de pareja. Y es que el pollagrís no miente, el pollagrís seduce, y lo hace sin culpa ninguna en aras de ese ritual masculino sagrado en el que todo vale para acostarse con uno de esos objetos curvilíneos llamados mujeres.

Él sólo respeta los pactos entre caballeros. Tal y como el cine y la literatura le han enseñado, para las mujeres solo hay dos lugares: la santa o la puta, la madre comprensiva y sacrificada o la Eva que arrastra al héroe al abismo. En ese sentido, sus referencias al orden natural entre los sexos mezcladas con recitales poéticos de la generación del 98 le dan un aire de curilla progre, como de los jesuitas, fácilmente identificable.

Se caracteriza por no decir a quién vota, pero es inevitablemente de extremo centro, aunque él se sienta un revolucionario que una vez votó a ZP. Le reconocerás por ser hombre de letras y artes: puede ser escritor, periodista, realizador, guionista,… abundan los psicólogos pollagrises con aspiraciones artísticas y hay una verdadera epidemia entre los cómicos vengando las pajas de Louie CK.

 

Por Princess Caroline (@ALaLicuadora)

 

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