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Premios Nobel 2018: para recordar.

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La semana pasada, la academia sueca anunció los galardonados con los Premios Nobel de este año 2018. A falta de  la categoría de literatura, podemos encontrar el nombre de tres mujeres entre los laureados. Aunque no queremos quitarle protagonismo a la ganadora del Nobel de la Paz, Nadia Murad, gran activista en la lucha contra la violencia sexual como arma de guerra (seguro que le dedicaremos un artículo más adelante), hoy queremos hablar de los Premios Nobel en las categorías de química y física, ya que es la primera vez en la historia que dos mujeres ganan en estas categorías en el mismo año. Las protagonistas de nuestro artículo de hoy son Donna Strickland, ganadora en la categoría de física y Frances H. Arnold en la de química.

 

Donna Strickland es una canadiense que, junto con su colega y director de tesis Gérard Mourou, desarrollaron un método para generar pulsos de láser más cortos e intensos. Este descubrimiento que ahora tiene algunas aplicaciones en medicina como, por ejemplo, las cirugías oculares, le ha valido este prestigioso premio compartido con Mourou. Tras conocerse ganadora de este premio, Strickland, también profesora en la universidad, asegura que por sus clases han pasado muchísimas mujeres que también merecen ser reconocidas como ella. Estas declaraciones cobran aun más sentido cuando sabemos que una mujer no ganaba este premio en la categoría de física desde hacía 55 años y que es la tercera en hacerlo en la historia de estos galardones.

 

La otra protagonista de los Premios Nobel de este año es Frances H. Arnold,  la quinta mujer en ganar el Premio Nobel en la categoría de química de la historia. Arnold es una investigadora estadounidense que aplicó los principios de la evolución natural para la creación de nuevas moléculas mejoradas que pueden utilizarse en numerosas áreas como la producción de biocombustibles renovables. En sus declaraciones tras conocer la noticia, al ser preguntada por la escasa representación femenina en estos premios, vaticinaba una “oleada de Premios Nobel de química para mujeres” ya que aseguraba que hay muchas mujeres brillantes en este campo.

 

Desgraciadamente, este desequilibrio de género existente entre los laureados de los Premios Nobel no nos sorprende. Las categorías de física y química son las que se llevan la peor parte pero las demás categorías no quedan mucho más lejos en cuanto al escaso número de mujeres galardonadas. A día de hoy y, contabilizando todas las categorías, el número de total de mujeres premiadas es de 51 mientras que el de hombres es de 853. Realizando un cálculo rápido vemos que el porcentaje de mujeres reconocidas por estos premios es irrisorio ya que no llega al 6% del total.

 

Si nos paramos a pensar el por qué de este inmenso desequilibrio de género, podemos decir que hay varios factores que influyen. Por desgracia, las mujeres llegaron más tarde al mundo de la ciencia o, más bien, no les dejaron llegar antes. Sabiendo que estos galardones se remontan a 1902, época en la que la mujer aún no había irrumpido del todo en el mundo laboral y su papel en la sociedad se asociaba a otro tipo de trabajos, como el cuidado de la familia, eran pocas las mujeres que podían encontrarse realizando trabajos de investigación. A pesar de todas las dificultades, hubo muchas investigadoras que supieron sobreponerse y desarrollar carreras brillantes siendo las responsables de algunos de los logros científicos más importantes que se cuentan a día de hoy. Sin embargo, muchas de ellas no fueron reconocidas y sus trabajos fueron ocultados para el protagonismo de sus compañeros hombres.

 

En las últimas décadas, con la irrupción masiva de la mujer en el mundo laboral y, por tanto, en el mundo académico, podríamos esperar también un incremento paralelo en el número de mujeres reconocidas por sus logros científicos, sin embargo, esto no ha sido así. Pese a que cada vez más mujeres comienzan una carrera científica, seguimos encontrando un gran desequilibrio de género, especialmente notable en etapas más avanzadas de la carrera científica. Lo que hoy conocemos como “techo de cristal” alude a las dificultades que las mujeres se encuentran para abrirse paso en su carrera y que a día de hoy siguen siendo una realidad.

 

Si queremos que la hazaña de este año se repita, e incluso mejore, en primer lugar, los gobiernos deben proponer medidas para romper ese techo de cristal y promover que las mujeres puedan desarrollar sus carreras científicas sin barreras, para que puedan llevar a cabo hitos por los que puedan ser reconocidas en un futuro. De la misma forma, es nuestro deber visibilizar a las  investigadoras que contribuyeron y contribuyen a los grandes avances científicos ya que el conocimiento de su existencia será el que motive a futuras niñas a escoger una carrera científica. Dejando todo esto a un lado, hay que decir que este año nos sentimos orgullosas por el logro conseguido por Strickland y Arnold y estamos seguras de que ellas serán el ejemplo de muchas niñas, aliciente que les permita poder escoger el camino de la ciencia en un futuro.

 

Por Laura G. Macías (@Laugmacias)

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