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Cuando el derecho a conducir se convierte en hito histórico

El mundo machista y patriarcal en el que nos han criado nos ha enseñado que hay cosas que “son cosas de hombres” y que esas cosas, las mujeres no pueden hacerlas o las hacen mal. Es decir, nos han estereotipado. Nos han enjaulado, tanto a mujeres como a hombres, en roles a modo de marcos normativos de los que no nos podíamos salir. Intentarlo suponía un desafío al sistema. Conducir era uno de esos desafíos.

Ciertamente, en España, la dictadura franquista no estableció nunca la prohibición de conducir a las mujeres. Pero tampoco lo facilitó. Conducir entonces (y, por desgracia, a veces parece que también ahora) era “cosa de hombres”. Así, el régimen se inventó un “Servicio Social” para las mujeres. Para aquellas con edades de 17 hasta 35 años que quisieran, entre otras cosas, obtener el carnet de conducir. Un mínimo de seis meses de una “formación” en cuidado del hogar y religión que, como todas sabemos, resulta imprescindible para obtener un permiso de conducir. Como imprescindible era que el padre, el hermano o el marido autorizase a la mujer para ello. Para después no poder poseer un coche propio, no tener libertad en los desplazamientos, ser mirada como una amenaza, sufrir el desprecio de otros conductores, escuchar la tan manida frase “mujer tenías que ser”…

Algunas de estas cosas nos suenan, nos parecen demasiado cercanas porque lo son. Porque todavía hoy las mujeres las sufrimos. Y es que, siempre, al acceso a cualquier ámbito,  las mujeres llegamos tarde. Perdón, no llegamos tarde, lo que pasa es que los hombres no  nos dejan llegar antes. Y tener que cruzar tantas brechas, a veces puede resultar agotador. Pero no cejamos en el intento. La lucha y el desafío constante es lo único que nos va a salvar. Y si no, que se lo digan a las mujeres de Arabia Saudí.

El país árabe, tan amigo y bien relacionado con los países occidentales, a diferencia de estos y de cualquier otro estado del mundo, por ley prohibía a las mujeres a obtener el carnet de conducir. No es un derecho menor el de no poder conducir. Implica que la movilidad y la posibilidad de desplazarse de cualquier persona, en este caso de las mujeres, queda coartada y condicionada. Si eres rica y te puedes permitir un chófer, puedes tenerlo más fácil. Si no, siempre se puede recurrir al transporte público. Pero seamos realistas, en ninguno de ambos casos, la libertad para desplazarse es real y completa. Sin olvidar que, permitir que una parte de la población tenga un derecho, en este caso el de conducir, y otra no, es una discriminación en toda regla. Una situación de desigualdad clara y patente que además condiciona y cercena el desarrollo personal y laboral de las mujeres.

Sobre esta vulneración de los derechos más fundamentales, Occidente, tímidamente ha alzado la voz. Porque claro, eso de tener unas buenas relaciones por negocios con estados que no respetan los derechos humanos, como que no queda muy bien. Pero poco más que algunas apocadas críticas que tampoco interesa enfadar mucho a los dueños de los petrodólares.

Por ello cabe incidir en que el logro alcanzado recientemente en Arabia Saudí que ha provocado un cambio en su legislación para conceder a toda la ciudadanía el derecho a conducir, es una victoria alcanzada, fundamentalmente, por las mujeres saudíes. Han sido ellas las verdaderas heroínas de la historia. Las que desafiaron al régimen del rey Abdulá y, clandestinamente o bien en el extranjero aprendieron, primero, a conducir. Luego iniciaron sus manifestaciones en un país en el que, las protestas, por sí mismas, están prohibidas. Se gravaban en vídeo conduciendo por el territorio saudita, en una doble provocación, mostrando al mundo como se rebelaban.

Estas mujeres activistas se han tenido que enfrentar a detenciones, sanciones económicas y hasta a la pérdida de su empleo. Así era como la dictadura árabe actuaba frente a estas manifestaciones, en un principio. Posteriormente, las actuaciones judiciales se endurecieron y se llegó a permitir que se las juzgara como terroristas. Pero siguieron combatiendo.

Hoy, más que nunca, el ejemplo de estas mujeres nos demuestra que el camino para seguir salvando las brechas que nos distancian a mujeres y hombres, es el del activismo. El feminismo tiene este sino. Los pasos son inalterables en el sendero hacia la igualdad y las mujeres de todo el mundo los vamos marcando con firmeza. Y también con generosidad, pues el feminismo es inclusivo y universal.

Por Lourdes Pastor @Lulespastor 

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