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Jennifer, no es algo personal

Durante la promoción de una película en Londres, la actriz Jennifer Lawrence se ha visto envuelta en una polémica por la imagen que acompaña este artículo. En la foto, aparece ella con un vestido soportando el frío de la ciudad, mientras que sus demás acompañantes masculinos iban abrigados de cabeza a pies. Los medios titularon la foto con todo tipo de coloridos encabezados, aludiendo a la falta de abrigo de ella. Al mismo tiempo, muchas mujeres incluyeron esta imagen como un ejemplo más de sexismo en la sociedad.

Pero la actriz no está de acuerdo. Jennifer Lawrence dijo sentirse ofendida por los comentarios. En un post de Facebook escribió que llevar el vestido era decisión suya, que las críticas no eran feminismo. Y para sorpresa de nadie, las mujeres que equiparan feminismo y machismo han compartido este post como si del santo grial se tratase, porque por fin alguien les daba la razón.

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Siento decíroslo, pero habéis caído todas en la trampa.

Y es que, querida Jennifer, no eres tú. Esto no va contigo, ni con tu vestido ni con el frío de Londres. Las críticas que tan a pecho te tomas, no son para Jennifer Lawrence. Las individualidades poco o nada tienen que ver en el discurso feminista. No te preguntamos o reprochamos el no llevar abrigo. Pero sí que nos preguntamos el por qué, cosa que tu pareces haber obviado.

Pero para que se entienda, hagamos una analogía

A mí, como a muchas personas, me gustan las espinacas. Nadie en su sano juicio me criticaría o no porque me guste una comida. Ahora bien, posiblemente me preguntaría por qué. ¿Es el sabor? ¿Es la textura? Puede que un poco de todo, pero todo se reduce realmente, a un hecho: En mi casa, desde pequeña, las he comido. Me lo han inculcado.

Sustituyamos ahora espinacas por vestido. Por depilación. Por maquillaje. Por cualquier concepto patriarcal que haya estado y esté inevitablemente unido a lo que se presupone de una mujer. ¿Por qué una mujer tiene que llevar vestido, que estar depilada, que llevar maquillaje? Pensadlo solo un segundo: todos ellos son aditivos al cuerpo que bien podrían haber ido en cualquier dirección. Podrían haber sido pensados tanto para el género femenino como para el masculino, y, sin embargo, hasta hace escasas décadas, han sido inequívocos a la mujer -o la idea de femineidad y mujer del ideario hetero patriarcal conservador. Y entonces, volvemos a la misma pregunta: ¿nos gustan porque de verdad nos gustan? ¿O nos gustan porque desde pequeñas nos han identificado con un género y con todo lo aparentemente conlleva serlo?

Por eso, no juzgamos a una mujer por llevar vestido, si no que juzgamos a la sociedad en general, que ha vestido a las mujeres con vestidos de todas las formas, colores y corte arriesgados, mientras que los hombres han seguido estando en su rinconcito de seguridad de traje, corbata y gemelos. No se critica a las mujeres que llevan un vestido bonito, que se depilan o se maquillan. Y quien diga lo contrario no le vendría mal una lección de feminismo.

Muchas feministas seguimos atrapadas en estos roles. Pero como feministas no nos tiembla la voz al reconocer las circunstancias por las que lo hacemos. Como feminista y como mujer, he visto como el maquillaje y la depilación, entre otros, pasan a ser parte de ese rito de transición que es la adolescencia. Y ahora, con 25 años, soy incapaz – y lo admito – de ver mi cuerpo bonito sin estar depilado. Pero sé que le depilación no es inherente a mí y posiblemente de haber vivido en otro tiempo, en otro lugar, no lo habría hecho, y no me habría considerado fea por ello. De la misma manera te pregunto, Jennifer. Si un photocall no hubiese implicado desde siempre mujeres en vestidos de diseñador soportando las inclemencias del tiempo, ¿lo harías igual?

Por todo esto, Jennifer, y todas aquellas que por razones que no llego a comprender os habéis sentido aludidas, os digo: a las feministas no nos importa si lleváis vestido o pantalón. Lo que nos preocupa un poquito más, es que el feminismo se entienda de la manera que Jenifer Lawrence lo ha entendido, que con un comentario ha demostrado que no tiene más educación en feminismo que la que se extrae de adherirse al #MeToo sin saber lo que hay detrás. Y lo que nos preocupa del todo, es que las mujeres vean en sus hermanas a sus enemigas, cuando lo único que queremos deciros es “¡Eh! ¡Despierta! ¡No soy yo quien está condicionando tus gustos!”

Y es que no hay nada peor para el feminismo que las aliadas del patriarcado.

Por: @MarisaDotCom

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