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Jolgorio en fin de año

A las mujeres nos violan.

Es un hecho tan real como el que se denuncie una violación cada 6 horas. Hay quien cree o, mejor dicho, afirma que con la prisión permanente revisable se acabaría. Pues, como sigamos así, habrá que ir haciendo sitio en los penales.

La entrada en el 2020 ha sido un deja vu. Tengo la sensación de vivir en un deja vu constante. Una denuncia por una agresión sexual de 3 chicos a 3 chicas en Murcia, una mujer en coma tras sufrir una paliza con indicios de haber sufrido también una agresión sexual en Almería, la detención en Pamplona de unos acusados por otra violación en grupo que se produjo en noviembre… y ya paro.

Nos costó mucho. Cuando digo mucho es llegar hasta el Tribunal Supremo para que hubiera una condena por violación a los miembros de la manada de Pamplona y no por abuso. Una sentencia que sentaría precedentes y abriría la puerta a que se estimase la intimidación ambiental y la cooperación necesaria a la hora de juzgar esta clase de delitos, como ocurrió con el caso de la Arandina. 

Hemos escuchado muchas barbaridades. Y si entramos en Twitter leemos muchas más. Pero las feministas estamos más que curtidas en batallas y acostumbradas a luchar contra las injusticias. No nos amedrentamos ni nos callamos cuando intentan hacer ver que estas violaciones grupales no son más que “jolgorios” en los que todas las partes se lo pasan bien. 

El caso de Murcia ocurrió la noche de fin de año. Tres hermanas conocen a tres chicos y deciden continuar la fiesta en un domicilio. Allí dos de ellas sufren una agresión sexual mientras que la tercera logra no ser agredida, aunque sí que sufrió abusos y golpes. Y es ahora cuando entra la caverna machista a decir que, lo que parece, es que eran 3 para 3 y que no hay delito. 

La culpa no la tiene el porno. La culpa no la tienen los agresores. La culpa, una vez más, la tenemos nosotras. Nosotras por salir a divertirnos, por entablar conversaciones con personas que no conocemos, por tener apps para conocer gente y concretar citas, por ponernos un escote o un pantalón corto, porque vamos buscando guerra. Es lo que se empeñan en hacernos creer. 

Las manadas no son casos aislados. Proliferan a un ritmo que asusta. Las violaciones en grupo es uno de los términos más buscados en los portales de pornografía. A los adolescentes y a los hombres les excitan las violaciones e intentan llevar dichas prácticas a la realidad. Uno de los videos porno más vistos este año es el de una violación grupal con extrema violencia donde la mujer no deja de pedir que le permitan irse. El porno está educando a los adolescentes y no se está haciendo nada para evitarlo, igual que no lo hacen los amigos que presencian tales violaciones que lejos de alzar la voz para decir basta se suman a la fiesta. ¿Por qué no alzar la voz contra esta violencia sexual? Es el orgullo masculino de poder reproducir prácticas sexuales que estiman dignas de solo unos pocos, de las estrellas de los videos porno. En este contexto es impensable ir de valiente para defender a una chica que seguramente ni conocen. 

“Follandonos a una entre 5” escribió el Prenda. Esa frase dice mucho. Que los que follan, son ellos. Ella es el mero objeto. La mujer es un objeto follable, disponible y servicial a los deseos sexuales del hombre. Cuando y donde quiera, de la manera que ellos quieran.

No me siento libre. Y yo quiere este año poder salir segura a la calle. Las mujeres llevamos luchando por conseguir cada vez más y más derechos y lo que nos dicen es ¿qué más queréis? si ya lo tenéis todo. Y se olvidan de que nos quitan el más importante de todos. Nuestra libertad. Nos arrebatan la libertad cuando necesitamos llamar a alguien para hacer el camino de vuelta a casa porque nos da miedo ir solas por la noche; cuando nos decimos que avisemos al llegar, porque asumimos que puede ser que no lleguemos; cuando un hombre te asusta porque te dice algo por la calle y te intimida. Cuando se nos juzga siendo víctimas. 

La víctima de un delito de agresión sexual es juzgada por la actitud que tuvo mientras se estaba cometiendo el mismo, como si la decisión de condenar o absolver a un acusado de un delito de violencia sexual dependiera de la actitud exquisita de la víctima más que de la del agresor. El patriarcado nos exige un patrón de conducta cuando atacan nuestra libertad sexual, para determinar si somos merecedoras de la protección que el sistema judicial debe proporcionarnos. Al patriarcado le da igual nuestro consentimiento, le da igual nuestra libertad porque siempre se ha servido de nuestra sumisión sin importar los medios que necesita para obtenerla. Y por ello, necesitamos un gobierno feminista, con medidas feministas, que sea valiente de modificar el Código Penal respecto al consentimiento de la mujer. Cuando una mujer no dice sí, lo demás es no. Cuando una mujer se arrepiente y decide parar es un no. Cuando una mujer está inconsciente es un no. El cambio legislativo es necesario, pero no suficiente. Hacen falta muchas más medidas para enseñar a los hombres a no usar a las mujeres. Para enseñar al sistema judicial que no somos las agresoras. Y para enseñarle a la extrema derecha que no necesitamos que nos protejan, necesitamos que nos respeten.

Yo al 2020 le pido que seamos libres. Pero libres de verdad. Y que se acaben los “jolgorios”.

 

Por Ana M (@anizmoreno_)

 

 

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