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«Nos Preocupan Las Vaginas» DÍA V

Vagina, vagina, vagina. Ahora puedes repetirlo sin miedo: {Vagina}. ¿Puedes repetirlo sin miedo? ¿En pleno 2020 las mujeres podemos hablar de nuestras vaginas sin miedo?

En 1996 cuando se estrenó la obra de la estadounidense Eve Ensler, la avalancha de críticas e intentos de censura no se hicieron esperar, los medios tradicionales anunciaban la obra simplemente como “Los monólogos” o “Monólogos de V” porque era un escándalo hablar de vaginas, o peor aún que las mujeres tengan una voz, o algo que decir… Sin embargo la obra fue un éxito gracias a las miles de mujeres que asistieron en grupo a verla, y que permitieron que se tradujera a más de 48 idiomas y se interpretase en más de 140 países, en algunos de los cuales tuvo temporadas de 10 años consecutivos, como en Reino Unido, México y Francia, todo esto por la urgencia de las mujeres de oír su propia voz.

Antes, igual que ahora, no había un contexto para que las mujeres hablemos de nosotras mismas, de nuestra corporalidad y los asuntos que nos preocupan, antes los motivos eran otros, pero el silenciamiento el mismo.
Según Eve Ensler: «Da miedo decir la palabra. «Vagina». Al principio tienes la sensación de estar atravesando violentamente una barrera invisible. «Vagina». Te sientes culpable e incómoda, como si alguien fuese a derribarte de un golpe. Entonces, después de haber dicho la palabra cien o mil veces, se te ocurre que es tu palabra, tu cuerpo, tu lugar… De repente te das cuenta de que toda la vergüenza y la incomodidad que has sentido hasta entonces al decir la palabra, ha sido una forma de silenciar tu deseo, de minar tu ambición. Entonces empiezas a decir la palabra más y más.

La dices casi con pasión, con apremio, porque intuyes que si dejas de decirla el miedo volverá a apoderarse de ti y caerás de nuevo en un susurro incómodo.”

 

La obra, basada en testimonios de 200 mujeres de diferentes colores, edades, tamaños, formas, educación… tuvo tal repercusión que se dispuso para que voluntariamente muchas actrices de renombre alrededor del mundo la interpretaran, popularizando aún más lo que se convirtió en un movimiento de mujeres dispuestas a alzar su voz y visibilizar lo que les pasaba.

Fue así como el 14 de febrero de 1998 en Nueva York, Eve y un grupo de mujeres iniciaron el “Día V” reuniéndose para interpretar Los Monólogos de la Vagina y otras obras escritas especialmente para ese día, en el cual consiguieron recaudar 25 mil dólares, que luego fueron donados para organizaciones de mujeres que combaten la violencia machista contra mujeres y niñas. El Día V sigue vigente hasta ahora, y las acciones se han multiplicado a nivel mundial, y muchas organizaciones siguen apostando por combatir la violencia machista desde el arte y la educación, siguiendo la iniciativa de Eve.

De la misma manera, los intentos de silenciar la obra y el trabajo de las mujeres organizadas también sigue vigente. El año pasado, un grupo de estudiantes de la Universidad Washington en St Louis, Estados Unidos, eliminó la palabra vagina del título de la obra, quedando simplemente “Los Monólogos de [Espacio en blanco]” para poder “incluir” otros genitales.

Vagina, vagina, vagina… ¿Podemos realmente hablar de nuestras vaginas? El neolenguaje y el discurso neoliberal sigue borrándonos a nosotras las mujeres, en nombre de otros genitales, y ya que en la especie humana solo hay dos, hoy igual que en 1996 el silenciamiento que vivimos las mujeres, las activistas y sobretodo las feministas es una cuestión netamente patriarcal: los penes quieren invadir nuestros espacios y robarnos la palabra y no van a dejar que cambiemos el paradigma social. Bueno… eso es lo que ellos creen.

Muchas mujeres brillantes, incluida la mismísima Eve Ensler han tenido que ceder a esta contraofensiva del patriarcado neoliberal y especificar que vagina no es una mala palabra, han llegado a ceder para evitar el linchamiento público y Eve ha llegado a reconocer como válido el concepto neoliberal de “identidad de género”. ¿Podemos entonces realmente hablar de nuestras vaginas? ¿Por qué tenemos que ceder nuestros espacios públicos y conquistas colectivas para que los penes de toda la vida no se sientan incómodos?

El hecho de que nosotras las mujeres hablemos de nuestras vaginas y de lo que significa haber estado en silencio por tanto tiempo en espacios públicos sobre temas como nuestra sexualidad, orgasmos, clítoris, e incluso experiencias desgarradoras como violaciones o mutilación femenina no excluye a nadie. Si las mujeres queremos hablar de nuestras vaginas tenemos que hacerlo y punto, nadie puede ofenderse por eso. Momento, sí que pueden ofenderse… los misóginos patriarcales de toda la vida se ofenderán, como en el 1930, como en el 1996 y como en el 2020… El patriarcado es el mismo, lo que cambia es la apariencia, siempre vendrán a por nosotras las mujeres.

Personalmente pienso, que es muy importante hacernos las preguntas con las que Ensler abordó a sus entrevistadas durante las investigaciones para Los Monólogos de la Vagina. La pregunta que más me sorprendió por la simpleza de su planteamiento pero la complejidad con la que es usualmente respondida es: “Si tu vagina pudiera hablar, ¿qué crees que te diría en dos palabras?” La mía, sin duda diría muy fuerte y claro AQUÍ ESTOY.

 

Por Lara Salvatierra (@larasalvatierra)

 

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1 Comentario
  • 14 febrero, 2020 en 22:43
    Amanda

    vulva, vulva, vulva, los monologos de la VULVA… Es como si al pene le llamasemos genericamente glande o escroto y no pene… Vulva, vulva,vulva por favor!

    Responder