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Responsabilidad política

debate, cayetana alvarez, violación, feminismo, mujeres en lucha, elecciones

Yo no sé qué piensa la mayoría de votantes de este país sobre los valores que debe reunir un candidato o candidata a cualquier cargo público. Es imposible dilucidar la carga ética que cada cual se aplica a sí mismo y por ende a los demás, pero lo obvio, lo mínimo indispensable, es que cualquier persona que se presente a un cargo público debe tener por lo menos la decencia de no imponer  sus opiniones por encima de las objetivas realidades sociales de su país. Debe tener por lo menos , la decencia de no ir por la vida insultando, provocando, incendiando, menospreciando a los adversarios porque, le guste o no, esos adversarios están representando a un gran porcentaje de ciudadanos a los que  cualquier político les debe, como mínimo, un respeto. Por supuesto hay más cosas exigibles, como que no metan la mano en la caja y que sean incorruptibles, pero no es de eso de lo que hoy quiero hablar.

Los debates, que sanamente se plantean en televisión, son una excelente oportunidad de dar a conocer los programas electorales, y cuando no hay, cuando el partido que sea carece de un proyecto real de país, suele suceder dos cosas, a saber: una es que los ciudadanos que comprobamos este hecho por medio de su vacío de propuestas pensemos, y con razón, que a esta gente solo le interesa el poder y poco más, y dos, que al no tener un arma potente, la más potente de la democracia, como es el diálogo y la proyección de planes de futuro para todo un pueblo, se acuda a la fanfarronería, a la descalificación, al imaginario colectivo de los palmeros de costumbre y a la ideología pura y dura que, de mostrar esta cara, se reconoce carente de fundamento y carente de calidad o criterios.

Así, con estas características tan claras, es como se muestra Cayetana Álvarez de Toledo, la marquesa de Casa Fuerte, y tan amante de la tradición que todavía no ha podido perdonarle a Carmena el hecho de modernizar la vestimenta de los Reyes magos. Es de esperar que para ella, como para otras muchas mujeres, las cosas sean tan ideales y tan normales que den por hecho que todas tenemos sus mismas experiencias y sus mismos problemas, pero no es así, y nadie se puede otorgar el título de ser tan categórico, tan determinante o de poseer la verdad absoluta.

Tal vez esta señora desconoce que la realidad de este país es bastante más brutal de lo que ella cree.

En España una mujer es violada cada 8 horas. En España el crecimiento de las violaciones en 2018 fue de un 23´3%. En España se denunciaron un total de 1.702 violaciones en 2018 y 1.387 violaciones en 2017. Eso es España. Su queridísima España. Un país en donde las violaciones están a la orden de día y en donde se van incrementado año tras año. Y si esta señora quiere ostentar un cargo público tiene al menos la responsabilidad de estar enterada de la realidad, de formarse, de informarse y de tratar de no imponer su ideología a unas leyes que más que nunca son necesarias. Las feministas estamos constantemente formándonos para ello, haciendo cursos, charlas, talleres. Nos movemos en muchísimas direcciones, desde filosofía hasta política, educación, sanidad… ¿no es exigible esa misma responsabilidad para quienes se supone que han de representarnos?

La señora Marquesa, una aristócrata portada de Vanity Fair, que no tiene la más mínima formación en materia de feminismo, que se cree suficientemente feminista por estar divorciada, ser agnóstica y odiar el color rosa, que se declara provocadora del totalitarismo en nombre de la democracia mientras sus acompañantes hacen el saludo romano, que se presenta a diputada por Barcelona sin vivir allí y sin  hablar ni un ápice de catalán,  que cuando fue diputada en el congreso solo participó haciendo nueve preguntas por escrito en cuatro años,  se atreve no solo a poner en duda el consentimiento en una violación sino que además tiene la desfachatez de pedir prestado el voto a la izquierda cuando ella precisamente encarna lo más tramontano de la derecha.

La desfachatez y la provocación, las palabras duras y las frases sacadas de contexto,  el ataque, la santa manía de no dejar hablar, de interrumpir y de contradecir  (que en realidad es síntoma de vacío argumentario), y sobre todo esa especie de mirar por encima del hombro a todos los demás son algunas de las características de su comportamiento que más llaman la atención y que menos se soportan. El tono prepotente de su voz, su altivez, su orgullo desmedido y sobre todo la falta tan brutal  de empatía, (que casi se agradece porque en ella no sería sino condescendencia), nos muestran a un ser intratable, capitalmente soberbio,  incapaz de ponerse en la piel de todos los ciudadanos y de entender sus problemas. Un ser completamente despegado de la realidad social de este país al que dice amar tanto. Un ser que es dudoso que represente a alguien que no sea ella misma, con su soberbia y arrogancia, con esa mala educación que solo tienen las personas bien educadas, con esa manera tan despreciable de hacer que los demás se sientan incómodos en su piel, ese avasallamiento, ese acoso y derribo, esa forma torticera de cambiar el sentido de las frases para luego amenazar con lo que ella ha creído entender y que ha puesto en boca de su contrincante. Esta señora no puede legislar nada, no puede representar a nadie, no forma parte de la gran parcela social de los ciudadanos españoles. Ella representa a la derecha más rancia, la de los privilegios, la de los títulos nobiliarios, la de la amenaza velada, la de “usted no sabe quién soy yo” y la del “qué hay de lo mío”. Esta señora, con su título nobiliario de hace tres siglos no es la más capacitada para dar a nadie lecciones de igualdad. De ningún tipo de igualdad.

Es peligroso el nivel de mediocridad de todos los políticos españoles, me atrevería a decir de casi todos los políticos mundiales. No vemos a grandes estadistas ni a grandes filósofos, no hay grandes mentes capaces de guiar el futuro de los países, pero esta vuelta al pasado, este resurgir de lo más rancio y clasista, de lo más anticuado que tiene como contraposición un modernista sentido neoliberal del capitalismo, nos hace aventurar un oscuro futuro en el que todos debamos pelear por los derechos que creíamos asentados firmemente y por  la igualdad conseguida hasta ahora en medio de un ambiente político crispado, agitado de banderas y de vivas o mueras que recuerdan los peores tiempos de la historia moderna de este país. La derecha no ha evolucionado ni un solo ápice, sigue anclada en sus prerrogativas, en su clasismo, en su especie de esquizofrenia  metafísica por la que se mantiene completamente despegada de la realidad.

Sin duda sería muy inocente de mi parte pedir a los políticos que hicieran política de verdad en beneficio de todos los ciudadanos. También sería muy inocente pedir a los ciudadanos que recuperaran la conciencia de clase y que el 28 de abril realizaran un ejercicio de honestidad y consecuencia con esa misma clase. Puesto que los últimos gobiernos nos han hecho creer que con 1000€ al mes somos clase media, que yo diga lo contrario no les va a hacer cambiar de idea, pero si me atrevería a pedir, a unos y a otros, que al menos tengan un poco de elegancia, que sepan cual es su lugar a uno y otro lado de esas papeletas y sean capaces de actuar en consecuencia.

Por @ninapenyap 

 

Fuentes:

http://www.alertadigital.com/2019/02/14/las-violaciones-en-espana-crecieron-casi-un-23-durante-2018/

https://elpais.com/sociedad/2019/02/15/actualidad/1550217206_077985.html

https://www.plannedparenthood.org/es/temas-de-salud/el-sexo-y-las-relaciones/consentimiento-sexual

 

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