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¡Devuélvanme a mi hija!

María es psicóloga forense y perito judicial. Al quedar embarazada fue maltratada psicológica y físicamente por su pareja que la llegó a agredir.

 

A pesar de ello, en 2012, cuando la niña apenas tenía 18 meses le quitaron la guarda y custodia de su pequeña. Esto ocurrió a causa de las incesantes denuncias del padre. No dejó de demandarla hasta que dio con un juzgado que falló a favor del progenitor.

Logró que le quitaran las vistas y hasta que impidieran a la madre el poder ver a su hija en un punto de encuentro. En el juzgado, le dijeron que para poder visitar a la menor se tenía que citar con especialistas. Ella accedió, lo hizo por la Seguridad Social donde le elaboraron informes en psiquiatría y en psicología. Ambos especialistas consideraron que estaba sana mentalmente. No les pareció advertir nada que justificara tantas demandas ni para separarla de su hija. Aun así, en la actualidad no le permiten tener ningún tipo de relación con la pequeña.

 

La «Plataforma de Afectados por Presuntos Informes Falsos» ha creado una petición en Change.org. En ella se reclama que la hija de María pueda volver a ver a su madre.

 

La Asociación para la Defensa al Menor reclama que se revise a fondo los mecanismos de los equipos de la Dirección General de Atención a la Infancia. Denuncian que, entre otras cuestiones, los informes que elaboran los realizan sin contrastar con el entorno que más interactúa con los menores. Constatan que el sistema judicial, cuando de menores se trata, no funciona con criterios para una correcta protección y amparo a los niños afectados.

 

Para comprender las dimensiones del drama familiar por el que está pasando María, lo mejor es que ella misma lo explique.  

Entrevistadora — María, tu caso es desgarrador. A pesar de tu profesión, te cuesta comprender verte envuelta en esta situación.

Puedes narrar de forma breve, ¿cuál es tu situación en estos momentos?

 

María — En la actualidad no me dan la posibilidad ver a mi hija. No me permiten tener ningún tipo de contacto con ella, ni tan siguiera llamadas de teléfono. Hasta homicidas, personas que han cometido delito de sangre, pueden comunicarse y verse con sus hijos. Yo que no tengo ni una multa de tráfico no puedo tener ningún contacto con ella. Cualquier madre, en mi situación, estaría desesperada, más, porque no se entiende todas las reacciones del juzgado.  

 

E — Dices que dispones de un informe médico de cuando estabas embarazada de unos 4 ó 5 semanas. ¿Qué pasó para acudir al médico y que pone en el informe?

 

M — Cuando estaba embarazada, de esas semanas, el padre me propinó un puñetazo en el bajo vientre, a pesar de saber que estaba embarazada. Me diagnosticaron hematoma retrocorial que me obliga a permanecer en reposo.  

 

E —¿Denunciaste ese hecho?

 

M — No. No quería romper ninguna brecha. Quería una relación de paz y felicidad para los tres.   

 

E —¿Cómo era antes la relación?

 

M — Antes de quedarme embarazada la relación estaba bien. Durante el embarazo muchos altibajos. Al nacer mi hija, un infierno.

 

E —¿Cómo te llegaste a sentir tratada emocional y físicamente por tu ahora ex pareja?

  

M — Cuando nació mi hija, mi vida se convirtió en un infierno. Él sólo pensaba en quitármela. Decía que para que la cuidara su madre y su hermana. ¿Por qué me quiere separar de mi hija? ¿Qué sentido tiene separar a una niña recién nacida de su madre? ¿Qué he hecho para ello?

 

E —¿Qué alega él en el juzgado, para quitarte la custodia y no permitirte ver a tu hija?

 

M —De todo. Sobre todo, que tengo una enfermedad mental.  Que cada uno saque sus propias conclusiones. ¿Por qué tanto interés en que no vea a mi hija? ¿Por qué soy psicóloga? ¿Qué tienen que temer? Ahora, utilizan la excusa de que la pequeña va bien en el colegio para no permitir que la vea, ni acceder a que sea visitada por especialistas. Se sabe que, cuando los menores tienen algún problema, unos se refugian en los estudios, otros los echan a perder. Las buenas notas, no son causa ni motivo para evitar que pueda ser evaluada por algún especialista. ¿Qué sentido tiene?

 

E — ¿Qué enfermedad mental?

 

M — No sé. Eso es algo que ha de determinar un especialista. Ninguno lo ha diagnosticado. Sólo que sufro estrés por no poder ver a mi hija. En realidad, porque no me dejan ver a mi hija.

 

E —¿En algún juzgado han creído necesario evaluar tu competencia como madre?

 

M — Únicamente en el juzgado DE PRIMERA INSTANCIA número 85 de Madrid.

 

E —¿Él ha sido evaluado en alguno de los juzgados?

 

M — En lo que lleva de guerra, tenemos 5 informes psicosociales del juzgado. Principalmente, hablan de mí. De él hablan poco, escueto y bien. Excepto en el primero que le califican de frío y calculador, ¿eso es más importante para darle la custodia que, por ejemplo, la empatía y que sea cariñoso? ¿Por qué?   

 

E — En el juzgado 85 de Madrid todo cambia. ¿Qué pasó en el juzgado?

 

M — Primero me quitan la guarda y custodia, sin más. Después las visitas, sin causas justificadas. En resumidas cuentas, a lo tonto a lo tonto, a mi hija la han dejado sin madre. No he muerto, pero a la postre es como si estuviera huérfana de madre.  

 

E —Afirmas que la jueza de este juzgado, 85 de Madrid, te pide que acudas a especialistas para que te valoren. Accedes y acudes a la seguridad social. ¿Cómo te valoran los psiquiatras y los psicólogos de la seguridad social?

 

M — En realidad no fue la jueza. Fue por el 2º informe psicosocial. Me piden que acuda a salud mental para ser evaluada. Voy a la Seguridad Social. Entrego dos informes, uno del psicólogo y otro del psiquiatra. A la jueza no le gustan Los INFORMES y pide que le lleve otro más. Tuve que volver a por otro. Surrealista, pero cierto. 

 

E —A pesar de tener buena valoración por los profesionales de la seguridad social, ¿por qué la jueza no parece estar conforme con esos informes? ¿qué te dice?

 

M — Cuando se reunió con mi abogado, le dijo que en ningún informe aparecía la palabra “alta”.

El psiquiatra dice que no puede poner nada que le ordenen. No puede darme el alta de algo que no estoy de baja. La jueza no se ha preocupado en contactar con ellos y preguntarles… para qué…

No olvidemos que acudo a los especialistas por petición del juzgado, no por estar en tratamiento.

 

E —Comentas que te quitaron las visitas a tu hija hasta que fueras valorada por especialistas. Cundo eres evaluada, La jueza te ofreció la posibilidad de poder ver a tu hija en un punto de encuentro, dos horas a la semana y siempre vigilada. ¿Cómo se te trata allí?

 

M — Bueno. Primero, cuando mi hija apenas tiene dos años me quitan las visitas. Esto, sin la posibilidad de despedirme de ella. Para saber cómo estaba mi hija, lo hacía llamando a la guardería. Allí me explican que la pequeña dio un giro de 180º. Que estaba muy triste. Llegó a dejar de preguntar: “¿Hoy duermo en casa de mamá?” Después estuve nueve meses sin verla. Más tarde me dieron a elegir “ver a mi hija vigilada en un punto de encuentro dos horas a la semana O EMPEZAR OTRA VEZ LA MISMA RUEDA, OTRO INFORME PERICIAL OTRO JUICIO…. OTRA SENTENCIA Y OTRA OBRA INTERMINABLE…” No recuerdo haber tenido en toda mi vida una experiencia tan triste y frustrante como aquella. Me he llegado a preguntar: “¿Por qué me odia tanto la jueza?” Tengo tres informes psicológicos que avalan ausencia de patología (ESTO EN EL 2013). La jueza hace caso omiso. “¿Por qué siempre le da la razón a él? ¿Por qué le concede todos sus deseos?”

 

E — El último día que ves a tu niña en el punto de encuentro, ella tiene una reacción extraña. ¿Qué le dijiste a la pequeña y qué respondió para que saltaran las alarmas?

 

M — Sí, la niña dijo cosas muy sospechosas. Cosas que jamás diría una niña tan pequeña por propia iniciativa. De hecho, a cualquier especialista psicólogo o psiquiatra le hubiera saltado todas las alarmas. Pero en este país parece que se protege más a los delincuentes que a las víctimas…  

 

E — Ese último día que la viste, te echan a ti la culpa de las reacciones de la niña, ¿cómo es posible si apenas la ves y estás vigilada en todo momento de las visitas? ¿Crees que están utilizan el Síndrome de Alienación Parental (SAP) contigo? 

 

M — Por supuesto, la están manipulando… Sí, manipulan a los funcionarios del juzgado contando un arsenal de mentiras sobre mí, empezando por mi estado mental…

 

E —¿Qué justificaciones utilizan en el juzgado 85 de Madrid para mantenerte alejada de tu hija?

 

M — En el juicio que se celebró en febrero del 2016, la fiscal dijo que me concedieron dos horas para crear un vínculo con mi hija. Como no lo he creado, me quitan las visitas. ¿Cómo se pueden crear vínculos cuando no me dejan estar casi con ella? Cada cosa que hago me la cuestionan… No puedo estar con mi hija y tratarla como madre, ¿y pretenden que se creen vínculos?

 

E —La situación está cada vez más tensa. ¿Algún profesional psiquiatra o psicólogo le hace algún tipo de seguimiento, evaluación, a la pequeña después de esas reacciones?

 

M — Lo hemos solicitado. La jueza ha denegado que la vea nadie fuera del juzgado. Este juzgado siempre falla a favor de él. Por eso pido ayuda a todo el mundo que lea esta entrevista. Agradecería información, que alguien me ayude. Sé que hay jueces, fiscales, psicólogos, que son bellísimas personas y seguro pueden ayudarme. O funcionarios, o personal que sepa por qué está ocurriendo esto.

Por favor, rogaría contactaran conmigo a través de la página o mi correo electrónicos: STOPINJUSTICIAS2018@GMAIL.COM 

 

E —A parte de a ti, ¿quién se está preocupando por el interés de la menor y su correcta protección?

 

M — A mi entender… Nadie.

 

E —¿Cómo te sientes tratada por la fiscal y demás personal de este último juzgado de familia, el número 85 de Madrid?

 

M — Me da la sensación de que se tiene mucha inquina hacia mí y hacia mi hija. Siento que me tienen un odio infinito. Me gustaría saber ¿por qué? Quisiera preguntar “¿Qué le hemos hecho mi hija y yo, señoría? ¿Puede VD, como madre, hacerse a la idea del tipo de vida que nos ha creado? ¿Comprende que por no poder ver a mi hija siento un sufrimiento que no tiene fin? ¿Tiene VD idea de las secuelas que puede acarrear a una niña que pase por algo así, desde los 18 meses? ¿Comprende que se le ha roto el vínculo afectivo con su mayor apoyo, su madre? ¿Puede imaginar todo esto?”

 

E —¿Qué te ha llegado a explicar tu hija? Tras las reacciones de la pequeña, ¿cuál es tu mayor temor?

 

M — Ahí está, no sé nada. Tengo derecho a saberlo. No he cometido ningún delito. Tengo derecho a saber si mi hija está bien. Si la cuidan, si le pegan o no. Si la malmeten… Esto es maltrato psicológico. Conociendo al progenitor, me extraña mucho que mi hija no sufra maltrato psicológico y no le hable mal de mí. 

 

E —Ya son más de tres años los que estás sin verla. ¿Qué explicación te dan desde el juzgado 85 de Madrid? 

 

M — En mayo del 2018 se celebró una vista. Pedí muy poco. Mi letrado me llegó a decir que no nos lo podían denegar por lo poquito que solicitaba. Pues me lo denegaron. La psicóloga del juzgado alegó que la niña iba bien en el colegio y sacaba buenas notas, por eso no me dejaban verla ni dos horas a la semana.  

 

E —¿Qué efectos tiene en ti y puede llegar a tener en tu hija esa forzada y larga separación?

 

M — A mí poco a poco me está matando en vida. Me pregunto que si el corazón no se me parará en cualquier momento por el enorme dolor. A mi hija, es robar una infancia. Ella está creyendo que yo la he abandonado y que no quiero saber nada de ella. Es un calvario. Siento un enorme vacío.

 

E — ¿Sabes cuántas mujeres pueden estar sufriendo el mismo drama con sus hijos?

 

M — Muchas, mujeres y hombres. Yo no soy machista, me gusta la igualdad. Soy capaz de empatizar con los hombres que no pueden ver a sus hijos. Por eso nunca le quité a mi hija la oportunidad de tener contacto con su padre. Siempre intenté llevarme bien con él. Pero a él no le interesa llevarse bien conmigo.

 

He de explicar que hace seis años recibí una llamada anónima. Entiendo que trabajaba en el juzgado de familia. Me comentó que la jueza siempre se iba a posicionar del lado de él. Porque mi ex pareja tenía una estrecha amistad con alguien del juzgado. Manifestó que creía que era la letrada de la administración, pero no estaba segura. Lo que afirmó es que al equipo le parecía que, el apartarme de mi hija de esa forma, era un castigo demasiado cruel.  

 

E — ¿Ves esperanza de poder llegar a estar con tu hija sin ser supervisada ni juzgada?

 

M — Voy a seguir luchando. No pararé hasta conseguirlo.

Quiero aprovechar para agradecer a todos los que me han escuchado: Sr González, Rubalcaba, Carmona, Cantero, Grande Marlaska, Sonia Ferrer, Sr Cuesta. Todos los vocales del CGPJ, los diputados, senadores, sr Arrieta. De la asamblea de Madrid ser. Franco y tantos y tantos que han prometido investigar. Y agradecer a todas las asociaciones de niños y de otras materias que han enviado misivas al poder judicial y a la fiscalía que se investigue los hechos y sentencias de este juzgado. Sobre todo, del último procedimiento donde me niegan ver a mi hija ni tan siquiera vigilada….

 

Gracias a todos los que os preocupáis por mí, y por mi niña… a la que adoro.

Acabo de enviar una carta a los Reyes de España. Estoy muy esperanzada. Estoy segura que como padres sabrán entender mi frustración.

No pararé de luchar. Ya he hecho dos huelgas de hambre y si he de volver a hacer otra, la haré.  

 

E —Queda mucho que contar. Sería interesante poder volver a hablar sobre el tema a ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Antes, una última pregunta:

Ante situaciones como la tuya: ¿Qué te gustaría que conociera la sociedad, decir a la justicia, a todas las que padecen y soportan lo que tú?

 

M — Me gustaría lanzar un mensaje al juzgado nº 85 de Familia de Madrid. Próximamente voy a escribir un libro de mi sufrimiento y de todas mis andaduras. Quiero decir, como psicóloga y como madre, jamás le quitaría a su hijo a una madre por capricho, por venganza, por despecho. Jamás he hecho un informe falso. Créame que me han ofrecido mucho dinero. Me siento muy orgullosa de ser una persona con principios, buena. Jamás haría daño a una madre o a un padre al quitarle su hijo sin una razón de peso que lo avale: “maltrato, abusos, etc.” Un psicólogo tiene que evaluar a los progenitores para confirmar si son aptos o no para cuidar de su hijo. Si se considera a alguno no apto, se ha de certificar con pruebas el por qué, no con calumnias.   

 

Una última cosa: Por favor, la persona que me contactó, hace seis años, de forma anónima por teléfono, le pido que me vuelva a llamar. No quiero que dé su nombre. Sólo me gustaría que me pudiera decir algo más.   

 

María, es una madre y mujer luchadora. Ella, junto a muchos otros progenitores, siente que sus hijos parecen ser robados por un sistema que no valora de forma adecuada la situación por la que les hacen pasar. Destaca que muchas madres que no disponen de cierto nivel académico las pueden estar mareando aún más que a ella. 

Con este testimonio, pretende ayudar y dar esperanza a otras personas. Hacerles sentir que no están solas. Ruega a otros padres que tampoco dejen de luchar y que no pierdan la esperanza. Se lucha para que el sistema mejore, valore el riesgo, secuelas, y posibles problemas que pueden estar provocando a menores que son separados de sus madres. ¿Cómo valorar un sistema judicial que no parece escuchar? ¿Por qué los intereses del menor no son lo prioritario?

 

Nuestra protagonista, pide dejar un mensaje para su pequeña: «Laura, cariño, si lees esta entrevista alguna vez, has de saber que no soy una madre perfecta. Pero soy la persona que más te quiere en este mundo. No dejaré de luchar por ti hasta el final de mis días. Te quise antes de tenerte y te querré después de morirme» 

 

                                                                                              

 Por Dalila (@dalila_sin )

 

 

 

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