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De nuevo: solo sí es sí.

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De 38 años de cárcel a la absolución.

De 38 años de cárcel a 3.

De 38 años de cárcel a 4.

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León no ve intimidación en los hechos que se juzgaron a finales de año en el caso de los futbolistas de la Arandina. “Penas durísimas” fue la calificación más socorrida cuando se publicó la sentencia en la que se condenaba a los agresores de haber violado a una menor de 16 años siendo ellos mayores de edad.

Tres adultos, una chica de 15 años, un piso a oscuras.

¿Es el escenario perfecto para mantener relaciones sexuales consentidas y deseadas entre los cuatro?

La sentencia de instancia, es decir, la que condenaba a los agresores a una pena de 38 años de cárcel seguía la estela sembrada por el Tribunal Supremo en el caso de la Manada de Pamplona, donde se establece que existió intimidación ambiental producida por encontrarse la víctima acorralada con cinco desconocidos en un espacio cerrado y reducido. Sin embargo, si comparamos las penas vemos una amplia diferencia en el margen de ambas. Como bien dijo el TS en su sentencia, las penas impuestas a los miembros de la Manada podrían haber sido muy superiores de haberse planteado el caso como delitos independientes, es decir, cada uno de los condenados era autor de un delito de agresión cometido por él mismo y a su vez cooperador necesario de las agresiones que consumaron el resto. Y por eso se explica la pena de 38 años de cárcel que impone la Audiencia Provincial de Burgos, cada uno de los ex futbolistas es condenado a una pena de 14 años como autor del delito de agresión sexual y a otros 24 como cooperador necesario del delito que cometieron los otros dos. En este caso, la acusación sí lo tuvo en cuenta.

En palabras de la magistrada Lucía Avilés sobre la sentencia de instanciase posiciona claramente en la línea del Convenio de Estambul, que establece que solo el sí es sí. Para que se pueda hablar de relación sexual consentida una persona tiene que prestar libremente su consentimiento y tomar la decisión consciente de con quién se van a producir las relaciones, de qué manera y en qué lugar. Pese a que la víctima no mostró resistencia física no se puede interpretar que exista consentimiento”

La intimidación genera miedo. Miedo al no saber qué va a pasar, qué nos va a pasar. El miedo paraliza. El miedo nos hace actuar de formas que ni si quiera nosotras mismas nos creemos capaces. El miedo nos pilla por sorpresa. Nos bloquea. Quizás nos haga gritar o cerrar los ojos. O las dos cosas. Señorías, ¿cómo podemos probar que tememos por nuestra vida cuando nos acorrala un hombre en semejantes circunstancias?

Por Ana M (@anizmoreno_)

 

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