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Mujer, haber estudiao

 

Mi madre siempre nos decía a mi hermana y a mí, cuando éramos pequeñas, eso de “estudiad, que así no tendréis que depender de ningún hombre. Podréis ser independientes y hacer lo que queráis”.

Entendí entonces que estudiar, formarse, sacrificar horas de ocio y sueño en épocas de exámenes, pagar matrículas desorbitadas cuando no teníamos beca y conseguir alguna que otra nota (bastante) alta iba a permitirnos tener el trabajo con el que soñábamos y una remuneración adecuada. Que viene a ser, en resumidas cuentas, lo que nos hace un poquito más libres, dándonos esa independencia económica que quizás mi madre y la generación de nuestras abuelas nunca tuvo. El dinero, digo. Las 500 libras que decía Virginia Woolf, ya sabéis.

Así que yo, en este tema hija aplicada y responsable, dediqué mucho tiempo a encerrarme en la biblioteca (s), con una montaña de apuntes y libros y muchas idas y venidas a la máquina de café. Con amigas con las que en los descansos imaginábamos un futuro en el que la crisis económica, la brecha salarial y los techos de cristal no existen más que en artículos.

Era un jueves. No hace mucho. Uno de estas semanas en las que en el trabajo nos desborda. Pasé por la terraza de un bar en el que estaban unxs compañerxs de otro departamento tomando unas cerves. Estaba saturada, era jueves y no lo pensé demasiado. Ese jueves, también salía más tarde de mi hora. Me senté y caña aquí. Vamos a reírnos de lo mal que va el mundo para los millenials, que aún lo somos un poquito, y a entrar en política que eso siempre anima cualquier afterwork, más que la liga.

Entre risas y botellines, quejas del trabajo y algún que otro cotilleo de última hora no tuve la mejor idea que preguntarle a uno de esos compañeros, con un trabajo de igual valor que el mío, que cuanto cobraba ahora, ya que en su momento me comentó que había pedido un aumento. Mi cara ante su respuesta provocó alguna que otra risa. Casi 2.000 euros anuales brutos más que yo y algo más de lo que había pedido; así que, perfecto. Porque sí. Jo-der. Que suerte tienen algunos, ¿no?

¿Qué decíais de la brecha salarial? Seguro que muchas cosas, pero Guy Ryder, Director General de la OIT dice lo siguiente:

“Las disparidades de remuneración por razón de género constituyen una de las mayores manifestaciones de injusticia social de la actualidad.»

Soy más que consciente de que la precariedad laboral se escribe en femenino. Tengo un trabajo que no es el que soñaba, pero pongo pasión en todo lo que hago y en hacerlo lo mejor que, muchas veces, los medios me permiten. Me gradué en la Universidad y estudié dos Másters. Trabajé para poder ayudar a mis padres a pagar mi formación, esa que me recompensaría todo el esfuerzo. Hice prácticas no remuneradas y…

“En numerosos países, las mujeres tienen un nivel de educación más alto que el de los hombres pero perciben salarios inferiores, aun cuando trabajen en las mismas categorías profesionales” Rosalia Vázquez-Álvarez, especialista en econometría y salarios de la OIT.

¿Qué hemos hecho mal? Era la idea que aun me persigue. Días más tarde, otro compañero me dice que había conseguido una subida salarial, aunque no la que quería, digna para los tiempos que corren. ¿Y yo? ¿Qué pasa conmigo, con nosotras? No es que no me dieran menos de lo que pidiera es que ni siquiera me planteaba pedir una subida que llegara a lo que ellos cobran ahora mismo.

La brecha del salario hora entre hombres y mujeres en España es del 14,9%. Y si atendemos al salario bruto anual la diferencia se sitúa en el 22%. Antes lo suponía, lo asumía. Ahora, lo sé con certeza: formo parte de esa media. ¿Os suena?

No creo que fuera esto a lo que se refería mi madre cuando nos repetía ese mantra de que estudiáramos. Si el panorama en el que nos encontramos no cambia, de poco nos vale a las mujeres formarnos y trabajar duro si al lado tenemos a un compañero. Quizás, muchas de mi generación no podremos alcanzar esa independencia soñada.

Según el World Economic Forum, las previsiones sobre la reducción de la brecha salarial no son muy esperanzadoras. De seguir al ritmo actual, tardaremos 217 años en acabar con las diferencias laborales. Si tengo una nieta, quizás ella no tendrá que preocuparse por lo que yo me estoy preocupando. Quizás ella, tenga oportunidades factibles y reales como el resto de sus compañeros de llegar a un puesto directivo. Quizás, si decide ser madre, dicha maternidad tenga para ella las mismas repercusiones laborales que para su pareja.

Pero no queremos esperar tanto. Las feministas que salimos a la calle el pasado 8 de marzo no nos caracterizamos por esperar pacientemente a que los cambios lleguen de la nada. Y no, el sistema capitalista está muy cómodo así como para que nos pueda echar una mano. Nos va a tocar seguir saliendo a luchar por lo que es justo y entrar poco en casa.

Hace poco más de un año Islandia sancionaba su ley de igualdad salarial. Tras numerosas protestas en las que las mujeres exigían igual salario. Aun recuerdo cuando fue noticia que las islandesas habían abandonado sus puestos de trabajo, un 24 de octubre de 2016, a las 14:38, realizando un 14% menos de su jornada. La misma diferencia que sufren en términos de remuneración con sus compañeros hombres.

Esta ley obliga a empresas e instituciones a garantizar que las mujeres no cobran menos que los hombres en el mismo puesto y obliga a las empresas con 25 o más trabajadoras a obtener un certificado de igualdad salarial que será valido por un tiempo de 3 años, transcurrido dicho plazo deberán renovarlo, asegurando así que esa igualdad salarial se mantenga. Lo que se pretende es que, si existen diferencias, éstas estén justificadas por el nivel educativo, la experiencia o la responsabilidad. Además, estas empresas deben auditar sus salarios con complementos salariales incluidos. Obviamente, si las empresas no cumplen con establecido en dicha ley, el Estado sancionará a las mismas. Cumpliendo así con las directrices que marca la Unión Europea. Algún que otro país europeo ha seguido el ejemplo islandés. España, por si tenéis dudas, no es uno de ellos.

En España, las mujeres que cuentan con una titulación superior ganan un 30,3% menos que sus colegas hombres. Lo que se traduce en unos miles de euros menos. Es poder adquisitivo que nos quitan. Las mujeres, parece ser, aun no podemos tenerlo todo.

No mamá, parece que con estudiar y trabajar mucho no nos vale.

Pero no nos vamos a conformar con ello, tranquila.

 

Por Anónimo.

 

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