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Juego de Tronos o la evolución social de la mujer

Si en la primera temporada me hubieran dicho que sería adicta a esta serie, creo que no lo hubiera creído. Hoy, tras la resaca de la épica y gran batalla contra los ejércitos de la noche, la batalla por los siete reinos y la finalización de la serie, he de reconocer que caigo rendida a la serie ya sin remedio…sin embargo, hay cositas que vale la pena analizar con la mente un poco más crítica, sin tanta pasión.

En las tres primeras temporadas, aunque los personajes a los que has tomado cariño van muriendo y ya te has hecho a la idea de no encariñarte con nadie más, es inevitable tomar afecto por los supervivientes, pero sobre todo con aquellos que en principio parecían menos proclives a ser principales y que han terminado siendo imprescindibles. Todos ellos, además, son mujeres. La evolución de la figura femenina en la serie ha sido tan brutal como demoledora y lo que comenzaba pareciendo una serie misógina y machista a más no poder, ha resultado ser una lección de feminismo para todos aquellos que ahora han asistido embrujados a su culminación.

Los personajes femeninos ofrecen una cantidad bien nutrida de arquetipos que para llegar a donde ha llegado cada una de las mujeres, han tenido un recorrido de aprendizaje, de vida, de experiencias, que muy difícilmente puede llegar a tener un personaje masculino. En primer lugar todas han ocupado una posición que era la que el destino parecía marcarles como mujeres, Cerscei era la reina y la madre coraje, Sansa la dama que soñaba con príncipes azules, Arya la rebelde, Daenerys la hermana a la que nadie tiene en cuenta y que es usada como moneda de cambio…A medida que aparecen más personajes femeninos, estos van interactuando con ellas de forma que en ocasiones son básicos para el devenir de la historia: Brienne de Tarth, símbolo de la nobleza y del honor, Meera Reed, sin la que Bran y Hodor habrían muerto tirados en la nieve, Margery Tyrell, personaje básico que nos habla de esa enorme competencia con la que el machismo  siempre ha intentado enemistar a las mujeres, Lady Olenna, la sabiduría y la astucia o Melissandre de Asshai, la brujería, el encantamiento y la seducción que puede llevar a la perdición de los hombres.

Es un elenco de feminidades muy llamativo porque entre ellas ocupan prácticamente todo el amplio arco de identidades otorgado por la imaginaria masculina a la mujer. Cada una de ellas ocupa su lugar y desde él va haciendo historia, va aportando viveza y realidad a la épica de la historia. Todas van a sufrir enormes descalabros en ese clima de pre guerra y de enfrentamientos constantes. Todas son utilizadas de una forma u otra y todas ellas van evolucionando tal como las mujeres reales podernos hacerlo también: a base de experiencias, de vivencias muy duras que nos abren los ojos y nos cambian la posición con la que enfrentamos al mundo.

Si en las tres primeras temporadas veíamos a la mujer como un objeto, como una pérfida interesada y manipuladora o como una madre abnegada, a partir de la cuarta las mujeres han cambiado y ya no son las que eran, su aprendizaje va culminando, su camino empieza a vislumbrarse lejos de los hombres y de las vivencias que posiblemente creían seguras para comenzar a vivir por ellas mismas, construyéndose de forma autónoma y soberana.

Quizá sea por todas las violaciones, las bodas concertadas, sexo previo pago, insultos, frases machistas, feroces escenas de sexo, de incesto, de brutalidad y violencia que han vivido de una forma u otra, (algo recurrente que las mujeres evolucionen a base de golpes de la vida…) que las mujeres de la serie parecen haber elegido un destino de soledad y liderazgo. No es solo que la historia las haya puesto en ese lugar, ellas eligen, en los difíciles tiempos que se avecinan, liderar esas posiciones. Personajes como Yara Greyjoy, lidera las tropas y las naves del Hierro o Lyanna Mormont, casi una niña pero con más coraje y nobleza que la mayoría de hombres que la rodean, da una lección de lo que es asumir el destino no como mujer si no como líder y guerrera y su aportación en las dos últimas temporadas  ha hecho que nos rindamos a un personaje que en principio parecía ser anecdótico. Sansa deja de creer en príncipes y asume su liderazgo en Invernalia. Cercei ya se sienta en el trono de hierro como reina absoluta. Daenerys es ya madre de dragones, reina de múltiples reinos y líder de los más grandes ejércitos.

Antes de seguir analizando la serie vaya por delante que no creo que se la pueda denominar de feminista por más que las mujeres del reparto hayan dado ese enorme viraje en sus roles. Si os fijáis hablo de feminidad no de feminismo y al respecto os dejo el enlace de un súper artículo firmado por mi compañera @larasalvatierra: http://mujeresenlucha.es/2019/05/14/la-rompedora-de-cadenas-y-el-feminismo-de-juego-de-tronos

 

¿Habrían visto la serie?

Hoy todo el mundo jalea a esos personajes femeninos. Los tuiteros se volvieron locos con Arya en el capítulo tercero de la octava temporada o con Daenerys tras salir desnuda entre las cenizas con los dragones en su espalda, pero… ¿habría sido así si desde el primer capítulo hubiesen sido las mujeres las que tuvieran ese protagonismo? La serie fue tildada de machista desde el primer momento, y juro, por los dioses antiguos y los modernos, que yo misma lo dije en más de una ocasión. Tanta teta, tanto prostíbulo, tantas escenas de sexo, violaciones, palabras malsonantes, por los dioses ¡si hasta el rey Robert le soltó una bofetada a Cersei! Era de un machismo abrumador. Sin embargo, a muy poca gente pareció importarle. Tan acostumbrados estamos a ese tipo de roles que se podía ver la serie como una más, como parte habitual de la vida en un lugar épico y (¿neo?) medieval. Tenemos esas actitudes tan interiorizadas que ni siquiera las feministas más recalcitrantes hemos dejado de ver la serie. Al fin y al cabo es fantasía, es medieval, es pura invención. Ahora desde luego nos felicitamos por ese viraje femenino de la serie y los fans masculinos vitorean sin ningún pudor a personajes femeninos que los han conquistado sin darse cuenta de lo mucho que aportan a la sociedad real en la que vivimos. La pregunta es, si desde el principio los personajes femeninos hubieran sido las protagonistas ¿habrían visto la serie? Es decir, ¿la habrían seguido de la misma forma? Es la evolución femenina lo que ha hecho que la mujer ahora ocupe esos papeles protagonistas que en las primeras temporadas no tenía y los seguidores de la serie, que las han visto crecer y desarrollarse, las han aceptado como heroínas y les han dado el valor que de verdad merecen por su trayectoria.

Nosotras estamos acostumbradas a ver a hombres en los personajes principales y a que las mujeres sean las consortes de la historia. La inversión de esos roles, sin duda, habría afectado al discurrir de la serie, a que los hombres no se hubieran identificado con la  historia. Es como si, poco a poco, la mujer hubiera invertido el protagonismo para poder colocarse en el lugar que, por si sola, no hubiera tenido. Estamos tan acostumbradas a ser, estar y significarnos desde la mirada del hombre que necesitamos, a base de trabajo y de crecimiento, reivindicarnos para poder ocupar nuestro propio espacio sin que nadie nos lo otorgue ni lo cuestione, sin depender de su mirada o de su complacencia. Simplemente las chicas se lo han ganado y ahí ya nadie se atreve a cuestionar su validez como personas por encima del hecho de ser mujeres.

Apocalipsis zombie

La otra lectura es la de la simbología. Ya he comentado antes que los papeles femeninos de la serie ocupan todo un arco arquetípico de simbología jungiana incluso en los que podrían ser arquetipos masculinos. Arya realiza el camino del héroe, Melisandre es la bruja, ocupando el arquetipo del mago, Sansa comienza siendo el inocente para terminar siendo el sabio, Brienne es el guerrero, Lyanna Stark sería la sombra, lo oculto que debe permanecer en secreto, Catelyn Stark sería la madre, Cersei la persona o la imagen pública, incluso Daenerys es la figura de autoridad y que da ejemplo, ella como madre de dragones y reina además. Quizá a eso se debe la aceptación por parte de todo el público de esos personajes tan principales y femeninos, porque el fondo, son comunes al alma y a la psique humana, sin caer en la diferenciación de sexos, algo que quizá no hubiera ocurrido si en lugar de evolucionar se hubieran presentado de esa forma desde el primer capítulo.

Por otro lado tenemos algo que quizá también nos une a todos en el mismo fondo. El miedo. Desde el momento en que Ned Stark avisa que “llega el invierno” sabemos que hay algo terrible que puede suponer el fin, algo que une a todos los personajes aunque no lo sepan. Desde el primer instante sabemos que el muro está para proteger a Poniente del Rey de la noche, del invierno que dura varios años, de la enorme sombra de destrucción y muerte. Este enorme miedo, esa amenaza constante desde el primer capítulo de la primera temporada eclosiona ya en forma de zombie, de muertos que se levantan para acabar con la humanidad. La figura del zombie tiene su propio significado tal como la mayoría de figuras misteriosas han tenido siempre en la literatura y en el cine. Drácula era la transgresión, la posesión del alma y del cuerpo, la pulsión sexual y de vida. Frankenstein era la sombra del creador, la construcción social. El hombre lobo era la naturaleza animal del ser.

Los zombies van un poco más lejos porque no son una figura personal con la que identificarnos, si no una figura global con la que identificar al mundo. Somos la sociedad comiéndonos unos a otros, atacándonos entre nosotros, tratando de sembrar el caos tras el cual prevalecer de cualquier forma. Dicen que la figura del zombie apareció a medida que el mundo se iba haciendo más global y ha pasado de ser una figura como tantas otras a protagonizar varias series y a ser un auténtico referente como “arquetipo” debido principalmente a que detectamos que la humanidad es la principal enemiga de sí misma.

Que este holocausto zombie haya sido parado precisamente por la figura de una mujer puede ser, sin darnos cuenta, casi pasando desapercibido, la lectura de que solo las mujeres somos capaces de parar esta enorme barbarie que nos azota en los últimos tiempos a nivel social. Desde el feminismo estamos luchando por la igualdad, por  la paz, por erradicar los abusos y la violencia. Somos una idea de paz y de sororidad, de humanidad que pretendemos hacer del mundo un lugar más justo, más solidario, más lleno de valores. Me siento identificada con esos personajes que han parado ese apocalipsis zombie porque veo que en la sociedad real, aunque las amenazas sean otras, no son menos terribles y somos las mujeres las que tenemos la oportunidad de pararlas. Nos cueste años y años, pero estoy segura de que solo un idealismo como el del verdadero feminismo es capaz de parar los pies a las corrientes políticas globales que amenazan con la convivencia universal.

 

Por @ninapenyap

 

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