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Terf: El nuevo insulto misógino para odiar a las mujeres

Vivimos en una época en la que se comparan las opresiones como si fuesen equiparables, una época en la que parece que jugamos a las olimpiadas de la opresión, a ver quién está más oprimido u oprimida. Esto es un error tremendo y una falta de respeto hacia las personas oprimidas (¿cómo puedes juzgar la opresión de otro colectivo al que no perteneces?). Pero hay algo que sí creo que es comparable: en las tres opresiones que existen (por “raza”, por clase y por sexo) se da una situación común y es que a quien se sale del tiesto, quien cuestiona la opresión, quien levanta la voz, quien decide denunciar lo que está viviendo, es duramente castigado/a para asegurar que el resto sigue en silencio.

No tenía pensado hablar sobre lo que me ha pasado esta semana. Tengo el género tan metido, que prefería quitarle importancia a lo ocurrido y, además, no quería parecer vengativa. ¡Qué bien educadas nos tiene el patriarcado! Nos enseñan a no quejarnos, a pensar de forma individual y quitarle importancia a los malos tratos.

Por suerte, tengo unas compañeras activistas que no me merezco de lo buenas que son, aprendo mucho con ellas. Y me han ayudado a ver que esto no ha sido por ser yo, no tiene nada que ver conmigo. No me han expulsado del “Movimiento Feminista de Salamanca” porque no les caiga bien, ni porque no haya trabajado o porque haya faltado el respeto a nadie. Me han echado por ser feminista radical. He sido acosada e insultada por ser abolicionista. Como dijo la gran Kate Millet: “lo personal es político”, y gracias a mis compañeras he visto que denunciar lo que ha ocurrido también es feminismo. A otras compañeras les está pasando en otras partes del mundo, como a la que agredieron en Argentina hace unas semanas, o la compañera a la que han echado a la vez que a mí (@vulva_vil ‏).

En redes sociales las feministas radicales sufrimos un acoso desmesurado, llegando a las amenazas de violencia física y sexual brutal. Muchas de mis compañeras se retiran de las redes sociales unas temporadas por lo que afecta el recibir tanto odio. Otras son expulsadas y les cierran las cuentas. Incluso mi vídeo sobre el acoso que sufrimos las radfem ha sido censurado. Me han censurado el vídeo por promover delitos de odio, un vídeo en el que explico lo que estoy viviendo: los insultos, amenazas y cómo intentan que no vaya a dar una charla sobre abolición de la prostitución. Las amenazas que recibo y el acoso constante. Pero la que promueve delitos de odio, parece ser que soy yo.

Empecé el canal de feminismo de SuperVioletas hace un año y pico ya. Pasé muchos meses debatiendo con la compañera que lo abrí si dar o no la cara. Si queríamos que se nos viese o si sólo poner la voz en off. Decidimos que se nos viese aunque pudiese poner en peligro nuestra integridad personal. Siempre tuvimos claro que hablar de feminismo cabreaba a mucha gente. Pero es cierto que jamás imaginé ofender a alguien que no fueran machitos con una masculinidad tan frágil que se siente amenazada a la mínima. Es cierto que recibo también acoso de este tipo de individuos, pero no se parece absolutamente en nada.

Los machitos siempre insultan llamándote fea, lesbiana (demostrando además homofobia) y diciendo que odias a los hombres por poner en entredicho sus privilegios sobre nosotras, las mujeres. Estos comentarios en redes son bastante divertidos de leer, de hecho, los colecciono. Los voy guardando por si algún día decido hacer un concurso de cuál es más ridículo. Este es el Patriarcado 1.0, como lo llamo yo. Es el patriarcado de toda la vida. Obsoleto, absurdo y lleno de faltas de ortografía.

Este acoso por “terf” (Trans-Exclusionary Radical Feminist, es decir, un insulto sin base teórica mínima) o por “transfoba” es muy diferente. Este es el Patriarcado 2.0, una forma renovada. La máquina aprende. El patriarcado ha aprendido a que ser misógino de una forma rancia y casposa ya se ve venir y la sociedad lo desprecia. Así que busca nuevas formas: si primero asocias a una persona una imagen repulsiva de monstruo cruel y despersonalizado, deja de preocupar que ejerzan violencia sobre ella, incluso se aclama y festeja. Si primero dices de una mujer que es transfoba o terf, luego puedes afirmar en público que eyacularías al torturarla (especificando como), y no sólo no recibes ninguna repulsa a tu misoginia, sino que vas a ganar seguidores.

El acoso a las radfem por el transactivismo es un acoso personalizado, que va directo a lo que más puede hacer daño a una mujer: hacerla sentir que discrimina.

A las mujeres nos educan para que seamos cuidadoras. Nos crían para criar. Nos hacen madres, amas de casa, cuidadoras de personas mayores y siempre, siempre, nos hacen priorizar los intereses de los demás a los propios. Nos programan para sentirnos culpables, malas, despreciables y egoístas, si, aunque sea por una mísera vez decimos que no a algo, si pensamos en qué queremos para nosotras. La frase de “en una sociedad que odia a las mujeres, quererse es revolucionario” es mucho más acertada de lo que vemos a primera vista.

Este género impuesto y herramienta ejecutora de la opresión patriarcal es muy muy efectivo porque, por un lado, nos hace priorizar luchas que ponen en peligro nuestros propios derechos. Y, por otro lado, hace que ocurra lo que Simone de Beauvoir denuncia con su famosa frase: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Los ataques más brutales que he recibido hasta ahora por ser feminista radical, para mi profunda tristeza, provienen de mujeres. Las que me han echado del “Movimiento Feminista de Salamanca”, son mujeres. Es una pena, cómo nos tiene sujetas y completamente alienadas el género, cómo nos programan para ser enemigas entre nosotras. Yo seguiré luchando también por ellas. También lucharé por sus derechos.

En esa reunión en la que nos expulsaron a una compañera y a mí, se dijeron auténticas barbaridades, como que primero va la unión del grupo y luego ya los ideales (me parece surrealista, siendo un movimiento político), dijeron también que el terraplanismo y Hazte Oír también tienen teóricos detrás que sustentan lo que dicen y que ahora parecía en el feminismo que lo que han escrito las grandes autoras es una Biblia que no se puede cuestionar [dos apuntes sobre esto: ¿hay alguna persona marxista que considere que no hay que leer a Marx? ¿o es solo en el feminismo en el que estamos perdiendo la idea de revolución filosófica y política con unas raíces históricas? Y, por otro lado, la persona que lo dijo, al igual que la inmensísima mayoría de las mujeres allí reunidas, no tuvo vergüenza en reconocer que no había leído a ninguna). También acusaron de clasista y burguesa a la otra compañera expulsada, por tener estudios de feminismo (cuya matrícula se ha pagado con becas) y por leer feminismo, habiendo tantos libros gratis en internet]. Pero lo que quiero destacar es un comentario concreto: una mujer dijo que la estábamos reduciendo a ser “un coño con patas”. Y como muchas feministas radicales antes que yo, me pregunto ¿qué es ser mujer? ¿es que debemos ser sólo un conjunto de estereotipos pensados para anularnos, para hacernos perder el tiempo en nuestra imagen personal con ideales irreales, para hacernos odiarnos a nosotras mismas, estereotipos para hacernos sumisas, calladas y enemigas? Si la opresión como concepto implica que esta forma de discriminación sexual es sistemática, sistémica y para cambiarla, por tanto, tiene que cambiar todo el sistema económico, cultural, político… ¿nuestra opresión se basa en un sentimiento? ¿podemos elegir libremente en qué bando estamos? ¿existe opresión si puedes elegir lado?

Hay una cosa que me pasó leyendo a las teóricas y escuchando a mis grandes compañeras que tanto me han enseñado. Y es que al entender los conceptos de opresión y género… tuve mi “peak trans”. Al llevar al razonamiento lógico la teoría feminista, al entender cómo se da la opresión que sufrimos las mujeres, empezó a no cuadrarme el transactivismo. Lo pasé muy, muy mal, he de confesarlo. No llevo nada bien sentir que discrimino a nadie, así que, incluso entendiendo lo que significaban términos imprescindibles de la teoría feminista, seguí intentando encontrar algo intermedio, dar con la solución al enigma de cómo creer que ser mujer puede ser un sentimiento y a la vez la raíz de nuestra opresión. Y cuanto más leí y me informé sobre el tema, viendo ambas posturas, más evidente me parecía: la única solución para acabar con la opresión patriarcal, es abolir el género. Si no atacas la raíz, nunca acabas con el problema.

Como comentaba antes, exponer mi cara en internet me ha puesto en peligro. Y no esperaba la forma que iba a tener este peligro. Es necesario callar a las que nos levantamos para poder mantener este sistema. Y el castigo para nosotras va a ser ejemplar. Para que el resto volváis a esconder la cabeza, para que se os quiten las ideas de la liberación de la mujer de la cabeza. Para que tengáis miedo a dar vuestra opinión y a posicionaros a favor de las mujeres. Y si de paso os sentís culpables en el proceso, otro punto extra para el patriarcado.

Pero no pienso parar aquí. No voy a rendirme. Se lo debo a todas las mujeres que me precedieron. Se lo debo a todas las mujeres que escribieron textos que al leerlos a día de hoy me deslumbran con su saber y su filosofía. Se lo debo a las mujeres que lucharon para que esté donde estoy. Se lo debo a las que quemaron, guillotinaron, atropellaron con un caballo, las que fueron vilipendiadas, censuradas y torturadas. Se lo debo a todas las mujeres que han luchado por todas las mujeres.

Quiero responsabilizarme de lo que han conseguido para mí, quiero coger el testigo. Voy a luchar por las que están ahora viviendo situaciones muchísimo peores que la mía, siendo prostituidas, violadas, vejadas, acosadas, censuradas, sufriendo ablación de clítoris, planchado de seno, matrimonios forzados infantiles, obligadas a vender a sus bebés, condicionadas para odiar su cuerpo… y un horriblemente largo etcétera. Lo que aprendemos de lo que les hacen a esas otras mujeres es nuestra educación en género también. Nos enseñan a tener miedo.

Creo que si las teóricas feministas que viven hoy en día no tuviesen tanto miedo, y se decidiesen a hablar y escribir sobre esto, ayudaría a liberar de este acoso, este miedo y esta alienación a millones de mujeres. Esto también es política. Me escriben a diario mujeres con miedo a ser juzgadas, con miedo a posicionarse, para agradecerme la valentía que reúnen gracias a mí. Yo la he reunido gracias a mis compañeras radfem.

Si esto sirve a una sola mujer, ya he trabajado para algo.

Yo voy a seguir luchando por las mujeres.

 

Por Irene (@SuperVioletas )

 

 

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